Específicamente el Centro de Desarrollo Internacional de dicha institución, dirigido por Ricardo Hausmann, es la división que agrupa un amplio portafolio de sicarios financieros posicionados al más alto nivel.

Lo que es y lo que no es

Harvard no es únicamente una institución educativa de alto prestigio a nivel mundial, es un centro de formación especializada de cuadros financieros, políticos y de inteligencia que integrarán las altas capas directivas de las instituciones más importantes del poder global. Harvard es lo que es porque el único filtro existente consiste en estar correctamente conectado con el poder financiero.

Desde ahí las grandes corporaciones -el poder real- seleccionan e infiltran a quienes serán los encargados de instrumentalizar sus planes -militares, financieros y políticos- en sus principales zonas de influencia, en las estructuras del poder global como a lo interno de los Estados-nación, mediante la infiltración en posiciones claves de dirección. Hausmann como ministro de planificación en Venezuela durante La Cuarta es evidencia del modus operandi.

Samantha Power (embajadora de EEUU ante la ONU y operadora de la invasión a Libia), Barack Obama, los gerentes generales de los bancos JP Morgan y Goldman Sachs, Jamie Dimon y Lloyd Blankfein, Ban Ki Moon (ex secretario general de la ONU), Ben Bernake (ex jefe de la Reserva Federal), el infame Henry Kissinger, el ex director de la CIA durante el primer gobierno de Obama, David Petraeus, pasando por Leopoldo López y casi todos los directos de las principales corporaciones, tienen como alma máter a Harvard.

El Centro de Desarrollo Internacional que preside Hausmann es financiado por el Banco Provincial, Open Society de George Soros, The Standard Bank Group, Banco Interamericano de Desarrollo y distintas fundaciones económicas fachadas del Departamento de Estado y de conglomerados financieros y energéticos.

En cada guerra por recursos naturales en Medio Oriente o África, en cada imposición de políticas de privatización a países en situaciones de dificultad, en cada paquetazo del FMI, en cada laboratorio para dinamitar Estados y poblaciones enteras, está un Harvard Boy garantizando que la inversión sea exitosa.

Son los gerentes mejor preparados para instrumentalizar la aplanadora de la globalización neoliberal, esa que barre con el fisco, la identidad nacional y las fronteras culturales y económicas en cada rincón del planeta.

Hausmann se jacta de haber asesorado junto a su equipo a más de 80 gobiernos, sobre todo en África, Europa del este, los Balcanes y Latinoamérica.

Su única diferencia con Al-Qaeda o con un grupo de mercenarios afiliados a Daesh es que está enflusado. Este sicario de cuello blanco no necesita una metralleta si maneja los contactos que pueden significar para un país comer -aunque sea poco- o morirse de hambre, a cambio de entregarlo todo, como hizo en los 90 aquí en Venezuela.

¿Cuál es la relación entre los Harvard Boys de Hausmann y Henrique Capriles?

En medio de aquella histórica conversación telefónica entre Hausmann y Lorenzo Mendoza, el primero comentaba que tenía cuatro venezolanos a su disposición con los cuales estaba trabajando para hacer lobby en contra de Venezuela.

Mencionó a Miguel Ángel Santos, Douglas Barrios, José Ramón Morales y Alfredo Guerra, todos egresados de Harvard y actualmente trabajando bajo la égida de Ricardo Hausmann como director del Centro de Desarrollo Internacional de dicha institución.

Según sus perfiles personales de la Universidad, estos cuatro economistas asesoraron en el tema económico a Henrique Capriles durante su campaña electoral en 2013. Esa victoria que nunca llegó era la alfombra roja para que Hausmann volviera a ser un actor central en el diseño de la economía venezolana a gusto y placer de las corporaciones, como en los 90, transmitiendo los valores de su alma máter.

No digan ahora que son “apolíticos”.

Las grandes ligas

Bajo el nombre de “Posibles soluciones para Venezuela”, un conjunto de altos operadores financieros -no los de baja estatura que asesoraron a Henrique Capriles- que orbitan alrededor de Hausmann y el Centro de Desarrollo Internacional de Harvard que dirige, realizan un diagnóstico exhaustivo sobre la situación país y elaboran un conjunto de recomendaciones a los políticos venezolanos de orientación opositora, según reseña su propia página web.

Y no es tan importante ese diagnóstico y las tradicionales recetas ya probadas por Venezuela, como lo son los operadores, las organizaciones que dirigen, a quiénes asesoran y qué cargos han ocupado quienes trabajan junto a Hausmann en la tarea de bloquear financieramente a Venezuela. Vayamos uno por uno.

Roberto Rigobón, de nacionalidad venezolana, es profesor universitario y colaborador del Centro de Desarrollo Internacional de Harvard. Es un asesor de alto nivel del Fondo Monetario Internacional.

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Lawrence Summers. Ex Secretario del Tesoro de EEUU en la era de Bill Clinton, de 1999 a 2001. Fue aspirante a la jefatura de la Reserva Federal, pero perdió las apuestas contra Ben Bernake. El clan Clinton lo premió con la jefatura del Banco Mundial al año siguiente. Antes de la victoria de Trump se desarrollaba como asesor del área económica de la Casa Blanca.

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Dani Rodrik. Economista, profesor universitario en Harvard y colaborador de Hausmann. Trabaja directamente para la Fundación Ford y ha asesorado económicamente a varios países europeos. Forma parte de la selecta lista de los 100 economistas más influyentes del planeta, según Economics and Finance Research.

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Carmen Reinhart. Profesora de Harvard, ha trabajado en el departamento de investigaciones del FMI y forma parte del consejo de asesores económicos del Congreso estadounidense así como de la Reserva Federal. Según Reuters y Bloomberg Markets es una de las economistas más influyentes en la actualidad.

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Andrés Velasco, de nacionalidad chilena, es egresado y profesor de Harvard, además de ser parte del equipo cerrado de Hausmann. Velasco ha tenido altas posiciones en el gobierno chileno -con Patricio Aylwin y Michelle Bachelet- y encabezó las negociaciones de los TLC que actualmente sostiene su país con Estados Unidos, México y Canadá.

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Olivier Blanchard. Ex economista jefe del FMI hasta el año pasado, consultor de primer nivel de la Reserva Federal estadounidense y actual profesor de Harvard.

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Erik Berglof. Fue el primer economista y asesor especial del Presidente del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD). También ocupa un cargo directivo en el famoso Instituto Brookings (tanque de pensamiento ligado al Partido Demócrata) y es asesor de gobiernos europeos en temas de deuda y reingeniería fiscal.

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 ¿Ante qué estamos?

Alrededor de Harvard y Hausmann se mueve una impresionante plataforma de operadores financieros de alto nivel que han tejido redes de poder alrededor del mundo, a lo interno de los pasillos del poder estadounidense y de su entramado de corporaciones y en las instituciones que controlan el sistema financiero internacional, como lo son el FMI y el BM.

Como ya hemos descrito en Misión Verdad a lo largo de este año, la operación de bloqueo financiero contra Venezuela se materializa a través del poder de las calificadoras de riesgo -que atentan permanentemente con la credibilidad financiera de la nación- y la manipulación del riesgo país que elaboran grandes bancos internacionales, como JP Morgan y Deutsche Bank, para mantenernos fuera del mercado internacional de deuda.

Pero para que estos bancos y calificadoras le den cierta credibilidad a sus cálculos -siempre vaticinando el colapso- con respecto a Venezuela, se aferran a las fuentes del sistema financiero internacional ligado a las corporaciones occidentales. La gran mayoría de países del mundo, sometidos a la hegemonía del dólar, forman su percepción y su marco de decisiones con respecto a un determinado país a partir de allí.

Esas fuentes son el FMI y el Banco Mundial, y más específicamente, las opiniones políticas y proyecciones interesadas de sus altos directivos, asesores y jefes de investigaciones (todos colegas y contactos de Hausmann), que logran irradiar una imagen negativa a nivel global para cerrarle a Venezuela la posibilidad de acceder al crédito internacional, justo cuando más lo necesita por la abrupta caída de los precios del petróleo.

La crisis es proporcional al bloqueo. De su sostenibilidad en el tiempo depende que la rueda de la inflación inducida y el desabastecimiento siga rodando, ya que ambas variables dependen de la escasez de dólares que presiona el bloqueo.

Y estamos hablando de una persecución acometida por sicarios financieros.

Venezuela tiene cerradas las puertas para recibir algún financiamiento de instituciones multilaterales de apoyo financiero, ya que sus directivos y altos asesores están integrados a la agenda de asedio financiero capitaneada por Hausmann y pagada por las coporaciones que subsidian a Harvard.

Tiene cerrado el financiamiento de bancos internacionales, de distinto tamaño y origen, ya que en los principales foros económicos globales a donde asisten sus directivos y en las recomendaciones que provienen de asesores del Departamento del Tesoro de los EEUU o al Congreso para evaluar “los riesgos” de un préstamo a nivel legal, siempre estará un sicario del Team Hausmann bloqueando los accesos, condicionando opiniones y alejando cualquier posibilidad de acercamiento financiero con Venezuela.

También por parte de países o grupo de países -latinoamericanos, europeos o asiáticos- que el Gobierno Bolivariano pudiera estar tocando en estos momentos, ya que seguramente algún sicario de los antes mencionados los asesoró o los está asesorando, dejando al alcance de un telefonazo o un correo electrónico la recomendación de no prestarle dinero a Venezuela bajo ninguna circunstancia. Que te lo digo yo que estudié y/o trabajo en Harvard.

En cada medio de comunicación de gran audiencia, sea financiero o no, estará alguien de este club imponiendo una percepción económica catastrófica, como lo indicaba Hausmann en 2010 en CNN: “Venezuela se está desmembrando”. El bloqueo es un tema de redes de contacto, pero también de palabra y percepciones. Ese tono agresivo no es de gratis.

Ya

Detrás de cualquier puerta que toque Venezuela actualmente, estará algún agente de esta red global de sicarios financieros apuntando con un arma al que se le ocurra ofrecernos un préstamo o a quien se le ocurra hablar positivamente de Venezuela.

Los ricos desplegaron a sus matones, a sus academias, sus empleados del mes y sus instituciones para que aprieten donde más le duele al país pobre: en el estómago. Y aunque el daño es grande y la situación complicada, no han podido quebrar nuestra voluntad. Nuevamente puesta a prueba ante las pailas de la historia.

T/Misión Verdad

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