En una muy rara pieza periodística sobre Venezuela, el portal del periódico catalán La Vanguardia informa sobre las verdaderas causas de la muerte del joven violinista Armando Cañizales, de 17 años, en los lamentables hechos ocurridos el miércoles pasado, durante una de las jornadas violentas que hacen parte de la insurrección armada que dirigen los grupos más radicales de la derecha venezolana.

En la nota, La Vanguardia recuerda que Cañizales “se había formado como músico en el famoso Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela- gracias al cual decenas de miles de jóvenes de barrios pobres han aprendido a tocar instrumentos y participar en la creaciones la música clásica”.

La nota igualmente reconoce que la orientación socialista y bolivariana ha permitido que, a pesar de la situación económica, los gobiernos tanto de Hugo Chávez como de Nicolás Maduro hayan mantenido el respaldo a este sistema igualitario de enseñanza de la música.

“En un video se ve al joven músico desafiando a los anti disturbios -escribe La Vanguardia-, brazos levantados, con el pañuelo tapando la cara y la máscara anti gas colocada. Luego se le ve llevado en brazos hacia una ambulancia y se oyen gritos de ‘¡Armando! ¡Armando!’. Las primeras noticias que se virilizaron en en las redes sociales de la oposición achacaron la muerte a una bomba lacrimógena de la policía. El violinista era la última víctima de la violencia desproporcional de ‘las fuerzas paramilitares de la dictadura chavista’, según se repetían en medios de oposición digitales como La Patilla o Dólar Today.”

La Vanguardia relata que Cañizales fue objeto de homenajes por parte de dirigentes de la derecha “por su valentía ante la ‘represión brutal de la dictadura’. ‘Mataron a un chamo de 17 años mientras Maduro bailaba’, tuiteó el diputado de derechas Freddy Guevara que horas antes había animado a los jóvenes a ser más atrevidos con la policía. ‘El gas lacrimógeno no hace daño’, dijo”.

Sin embargo, La Vanguardia reconoce que “al igual que en otros momentos en esta crisis, la narrativa de una juventud heroica masacrada por la dictadura bolivariana no se atiene a los hechos en el caso de Armando Cañizales”.

“El ministro del Interior Néstor Reverol -informa La Vanguardia-, comunicó el jueves que la causa de la muerte no era una bomba lacrimógena sino que se había descubierto una rolinera –una pequeña esfera metálica cromada ocho milímetros de diámetro- empotrada en el cuello del violinista. Con casi toda seguridad el proyectil no fue disparado por la policía, sino por los propios manifestantes. Ya se sabe que algunos de estos han fabricado armas caseras para su enfrentamiento diario contra la policía. El Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) descubrió seis rolineras iguales en el lugar de las manifestaciones aquel día ‘Esos seis plomos fueron disparados contra la policía nacional con una arma no convencional que podría ser una arma de fabricación casera’, explicó el vicepresidente venezolano el viernes. Un fotógrafo de Reuters ha publicado imágenes de una de estas armas caseras en el momento de ser disparada en la manifestación del primero de mayo”.

Igualmente informa que cinco efectivos policiales, y de la guardia nacional han muerto de tiros durante las manifestaciones.

“Hay un grupo legítimo de manifestantes pero lamentablemente hay también grupos extremistas en las protestas y me consta que la oposición les paga; yo conozco a algunos de ellos”, escribe La Vanguardia, citando a Aarón Troconiz, de 27 años, estudiante de la Universidad Bolivariana de Venezuela.

“Al músico lo mataron y luego la oposición dijo que fue el gobierno -continúa la cita de Troconiz-; hay una manipulación sin límites; y para los líderes de la oposición cuantos jóvenes muertos mejor”.

La Vanguardia no informa sin embargo que, de las 36 muertes registradas durante los enfrentamientos generados por la insurrección armada, sólo 3 son imputables a personeros de seguridad del Estado y que en ninguno de los casos se trata de efectivos que estuvieran actuando en el control de manifestaciones, aunque si reconoce que “el Gobierno insiste en que no se autoriza el uso de armas de fuego contra manifestantes, que intentan controlar las protestas con agua de propulsión, bombas lacrimógenas y contención física”.

La nota de La Vanguardia es una pieza periodística muy rara en estos días de intensa manipulación y propagan para propiciar y justificar una intervención extranjera en Venezuela. La Vanguardia no cambia su línea editorial sobre la Revolución Bolivariana, pero escribe una nota en la que se atreve poner la honestidad por encima de sus prejuicios.

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