Desde hace varios meses me rondan dos palabras. Más que rondarme parecen perseguirme. Cuando un pensamiento permanece más de lo debido puede convertirse en obsesión, así que es necesario buscar la forma de hacer catarsis, descargar, limpiar.

Solucionar lo que nos priva es dejar salir aquello que hace ruidos en nuestra mente, o de lo contrario convertirlo en un ejercicio creativo, y de la obsesión — como quien hace malabares con el pensamiento— conseguir algo más práctico, más productivo.

Es decir, transformar lo que nos agobia en un acto de potencia y voluntad.

¿Qué es aquello que termina por hacernos humanos frente a la naturaleza, es decir, capaces de modificar nuestro medio a partir de lo pensado? Pues la acción. La famosa praxis que tanto se repite en el discurso político y en las ciencias sociales.

¿A quién no le ha ocurrido esto que planteo? Más de uno de nosotros es testigo y espectador cercano. Déjenme revelar estas dos palabras, como si les contara qué hice para sacármelas de la cabeza, o mejor dicho, para convertirlas en otro asunto.

Primero escribo la primera palabra en un buscador web. Iniciativa. Encuentro su definición: “proposición o idea para iniciar una cosa”; “capacidad para idear, inventar o emprender”. Define en otra búsqueda: “todo aquello capaz de comenzar el movimiento, el inicio de las cosas”. Sigo buscando: “ser capaz de generar procesos, causas y argumentaciones”.

Tecleo la otra palabra: crisis. “situación grave y decisiva que pone en peligro el desarrollo de un asunto o un proceso”. “Situación difícil de una persona o una cosa”.

Algunos al conocer ciertos conceptos y significados, o lo alimentan con la incertidumbre que los embarga o ven qué hacen, me explico.

Como bien sabemos, hay muchos tipos de individuos, es difícil tanto generalizar como hallarlos a todos. Digamos que algunos simplemente no les interesa la situación, otros pues se quejan o huyen.

También están los que me gustan, aquellos que no les agrada alimentar la miseria sino ahuyentarla, como quien golpea al enemigo en la mandíbula.

Entonces, me propongo no alimentar el fatalismo.

Pienso en alguna mente brillante de la historia, a ver, Albert Einstein ¿Qué habrá dicho el extraordinario físico alemán sobre las crisis?, logro encontrar:

“La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche. Es en la crisis donde nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar “superado”. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones”.

Estoy seguro en que no podré argumentar de mejor forma. Se me ocurren algunas cosas, como por ejemplo: iniciativa y crisis van tomadas de la mano. Ambas deberían ser inseparables; “como agua en el agua”, dice el poeta argentino Jorge Luis Borges.

Se me ocurren más ideas. Aparecen como el pensamiento mismo, es decir, imágenes que vertiginosamente se aproximan una detrás de la otra, como el sonido del tráfico mientras caminamos en la avenida, como el movimiento de los árboles, como las ráfagas de acción en el cine, como al pasar canal tras canal al ver la tele o al revisar con el ratón de la computadora la información que nos llegan en las redes sociales, veo cómo se plasman cientos de palabras, conceptos, frases, discursos, títulos, ideas y propuestas, como todas, difíciles de ordenar.

¿Qué hacer ante la paliza diaria a nuestros sentidos? ¿Cómo podemos decretar—como hace el enemigo— una eventual pérdida si apenas va el primer round, apenas comenzamos a tomar la iniciativa? ¿Cuál tarea será la que nos encomienda el destino que no es más que nuestras esperanzas, motivaciones y demás necesidades concretas frente a esa otra palabra, es decir, crisis?

Estamos ante la necesidad histórica de construir un nuevo relato, un paisaje distinto con el cual vernos como ciudad, como estado, como nación, como sociedad, empezando por trascender el lugar común de nuestra dependencia del rentismo ¿hasta cuándo le echaremos la culpa a este recurso, origen de todas las guerras modernas? preguntarnos ¿dónde están los cientos de profesionales que se han formado los últimos años? ¿Cómo generamos riqueza desde otras áreas? ¿Será tan difícil?

Cabe decir que también con interrogantes podemos construir ese relato del cual hablo, pues sin planteamientos no hay propuestas que valgan.

¿Acaso estamos desprovistos de dibujar porvenir, horizontes y proyectos de largo aliento? Parece idea repetida, más no deja de tener sentido: la tarea es de todos; es responsabilidad de cada uno resignificar la crisis. Reconstruir una nueva hegemonía que llame a consensos y ampliar sectores que simpaticen más allá de la retórica, la demagogia y la improvisación.

Disputar conciencias más allá del panfleto.

Construir país. Pensar en el futuro, pues aunque la historia es nuestra mejor carta no podemos vivir solo de las victorias del pasado, hoy son otras las demandas, repito, repitamos: no podemos vivir de glorias pasadas.

¿Cómo empezar? Entre tantas propuestas, lanzo una: tomar la iniciativa.

Es fácil decirlo, puesto que además se nos presenta una realidad global virulenta que se desplaza a la velocidad de un parpadeo, una crisis planetaria en la cual podemos perdernos de tantas cosas que suceden: crisis migratoria en Europa por las guerras imperialistas en el Mundo Árabe; abandono de la Unión Europea por parte de Gran Bretaña, que asoma el reavivar del nacionalismo extremista; elecciones en los Estados Unidos; golpe de Estado en Brasil; ascenso del neoliberalismo en los países progresistas del continente.

Claro, no todo comprende pesadillas, veamos la paz hecha realidad en Colombia. Después de una profunda crisis bélica de medio siglo ¿acaso no fue resuelta por grandes iniciativas?

Sume usted lo que faltó en esta lista y verá cómo los acontecimientos nos sobrepasan en el tiempo finito de lo humano, más no del colectivo y la herencia de nuestras acciones infinitas, para parafrasear a István Mészaros.

Podemos permanecer por siempre enumerando diagnósticos, propuestas y especulaciones, por ahora nos queda tomar la iniciativa.

Miguel Antonio Guevara | miguel.contacto@gmail.com

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