Los primeros manifestantes empezaron a congregarse al mediodía en el aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York. Allí, la protesta fue creciendo y sobre las ocho de la tarde la muchedumbre a las puertas de la Terminal 4 estaba formada por centenares de personas. La terminal acabó siendo desalojada y las fuerzas de seguridad prohibieron la entrada a cualquiera que no portara un billete de avión. El cordón policial estaba compuesto por agentes en cuyas placas aparecían apellidos árabes, latinos o italianos.

“Nueva York es pura diversidad. Donald Trump puede ser de Nueva York, pero no es un neoyorquino porque aquí acogemos a todos. Esto es lo que es Nueva York”, decía Pamela Margolin, una abogada judía de 47 años. Ella es, contaba, tercera generación de emigrantes de la Europa del Este, polacos y rumanos. “Con la prohibición de ahora, mis antepasados no hubieran sobrevivido”, dijo. Para Xenia Ubiños, de 31 años, el decreto de Trump era también algo muy personal, muy íntimo. “Mi padre era un cubano que también tuvo que dejar su país porque allí no podía vivir en libertad y este país lo acogió. Hoy me he acordado mucho de él y he llorado”.

Xenia sí temía que el presidente cumpliera lo prometido, pero no esperaba que fuera a ser tan rápido, ni tampoco, decía, de forma tan descarnada. “Están prohibiendo las visas a personas por su religión o su origen. Ahora mismo siento muchas cosas, pena y también algo de vergüenza”, afirmó.

Mientras aumentaban las protestas, el presidente negó este sábado que lo que él ha firmado sea “un veto a los musulmanes”, en declaraciones desde el Despacho Oval. “[Aunque] ya lo ven en los aeropuertos, en todas partes. Está funcionando muy bien”. Trump sigue negando que su decreto señale exclusivamente a los musulmanes y defiende que se trata de un sistema de “veto extremo”. “Estamos totalmente preparados”, declaró. “Vamos a tener una prohibición extrema que deberíamos haber tenido en este país desde hace muchos años”.

“No es un veto a los musulmanes”, afirmó este sábado el mandatario republicano. “[Aunque] ya lo ven en los aeropuertos, en todas partes. Está funcionando muy bien”. Trump sigue negando que su decreto señale exclusivamente a los musulmanes y afirma que se trata de un sistema de “veto extremo”. “Estamos totalmente preparados”, declaró en el Despacho Oval. “Vamos a tener una prohibición extrema que deberíamos haber tenido en este país desde hace muchos años”.

Los estadounidenses han recibido el mensaje en las calles como el resto de esta semana: con lemas de “Resistid” y “Esto es América”. Primero fue en Washington en una manifestación multitudinaria, el pasado sábado. El miércoles, en concentraciones espontáneas motivadas por la aprobación de construir un muro en la frontera con México y el temor a que se cumpliera la promesa de vetar a musulmanes. El jueves, a su llegada a una reunión del Partido Republicano en Filadelfia. El viernes, contra la orden ejecutiva contra los refugiados que contradice directamente los valores de una nación fundada por inmigrantes. Y este sábado, en aeropuertos de todo el país.

La concentración en la Terminal 4 de Kennedy, en Nueva York, se ha repetido en otros como los de Washington -hasta donde se ha desplazado el gobernador demócrata de Virginia-, Boston, Denver, Chicago, Seattle y San Francisco. Mientras que la Casa Blanca sostiene que el veto afecta a “un universo muy limitado” de personas, aerolíneas, empresas, universidades e instituciones estadounidenses intentan asesorar a sus empleados y estudiantes. El veto afecta a residentes legales en EE UU que cuentan con un permiso conocido como Green Card y a todos aquellos que no posean un visado diplomático o del gobierno.

La coalición de organizaciones que convocó la multitudinaria Marcha de las Mujeres en Washington ha difundido varios mensajes este fin de semana en protesta por el veto a los refugiados e inmigrantes musulmanes. En las últimas horas también han solicitado la ayuda de abogados voluntarios así como del envío de comida a la Terminal 4 del aeropuerto Kennedy en solidaridad con las familias de los afectados. Allí, varios manifestantes han desplegado carteles desde el aparcamiento y han mostrado pancartas con mensajes de bienvenida a los refugiados.

La mayoría de las protestas han sido convocadas a través de las redes sociales, donde la etiqueta #NoBanNoWall se ha convertido en una colección de proclamas contra Trump, reivindicaciones de los valores estadounidenses y peticiones de ayuda de familiares de refugiados e inmigrantes a los que ha sorprendido la orden del presidente en pleno trayecto hasta Estados Unidos.

 EP/

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