A raíz de los recientes trágicos acontecimientos que una vez más enlutan Irak, país árabe sumido en la violencia, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein, al condenar lo sucedido en la capital, Bagdad, calificó de “atrocidad horrenda” el ataque perpetrado por el Estado Islámico, grupo fundamentalista que sigue operando a sus anchas tanto en Irak como en Siria.

El Estado Islámico a su vez estaría implicado en los cruentos atentados ocurridos durante la última semana también, en Turquía, Bangladesh y Arabia Saudita.

El funcionario, quien es él mismo de origen árabe, rechazó en particular que “civiles inocentes” hayan sido el blanco escogido por los terroristas y negó que estas acciones tengan algo que ver con la fe que dicen defender o proclamar, el Islam.

“Es necesario derrotar pronto al Estado Islámico, sin caer en provocaciones (…) Debemos ser más fuertes y más inteligentes que ellos”, sostuvo sin embargo el Alto Comisionado, en referencia clara a evitar medidas de respuesta que puedan llevar al grupo a lograr “captar más seguidores, creando más fanáticos y atacantes suicidas”, tales como algunas tomadas por las autoridades iraquíes en semanas recientes y que han sido debidamente denunciadas.

En paralelo, el presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja, Peter Maurer, aseveró que el sufrimiento en Irak y Siria ha alcanzado “niveles sin precedentes” con “cientos de miles de muertos, millones de desplazados y las familias destrozadas”.

Maurer tildó de “catástrofe humanitaria” lo que actualmente padece la población de ambos países, que enfrentan entre otras cosas, una férrea ofensiva terrorista.Por su parte, el director del Comité de Naciones Unidas contra el Terrorismo, Jean Paul Laborde, alertó que unos 30.000 “combatientes terroristas extranjeros” se encuentran ahora en Irak y Siria y que éstos, de reducirse su “espacio vital”, volverían a sus países de origen donde eventualmente, según su criterio, cometerían ataques “cada vez más graves” para así “equilibrar la presión que sufren”. “Los terroristas tienen mayor capacidad de adaptación que nosotros”, lamentó.

Situación en Irak

Los efectos en la arena política del reciente atentado en Bagdad, no se han hecho esperar. El ministro iraquí del Interior, Mohammed Al Ghabban, presentó este martes su dimisión al primer ministro Haider al Abadi, sin dar mayores detalles al respecto.

Previamente, Al Abadi había ordenado a su Despacho que acelerase el despliegue de un dispositivo para controlar más eficazmente los vehículos en todas las entradas de la capital.

El lunes, cinco condenados a muerte fueron ejecutados en Irak, al día siguiente del atentado. El Ministerio iraquí de Justicia señaló que se seguirían “aplicando castigos justos a aquellos cuyas manos están manchadas con sangre de iraquíes”, si bien no especificaron con precisión los delitos o crímenes cometidos por quienes recibieron la pena capital en medio del dolor que sigue mostrando la población de ese país.

El premier prometió castigar a los responsables y anunció tres días de duelo nacional que culminan este miércoles. Justo Al Abadi ha sido el centro de las muchas críticas vertidas contra el gobierno por su aparente incapacidad para evitar los atentados. De hecho la posibilidad real que tienen las autoridades de detener a tiempo a potenciales suicidas es reducida sobre todo cuando se habla de ataques con carros bomba en una ciudad tan densamente poblada como Bagdad.

El último balance oficial del atentado ocurrido el fin de semana es de 213 víctimas mortales, lo que lo convierte en uno de los más mortíferos en la historia de Irak. Como se recordará, un carro bomba fue detonado en una calle del sector comercial de Karrada precisamente cuando la misma se hallaba repleta de transeúntes. El Estado Islámico reivindicó lo sucedido y señaló que su intención era golpear a los chiítas, a quienes considera herejes.Agencias

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