Tras los afroamericanos, los hispanos son la segunda minoría más afectada en Estados Unidos por la discriminación y la violencia policial. Según el recuento de The Washington Post, de las 990 personas muertas a manos de la policía en 2015, 494 eran blancas, 258 negras y 172 hispanas. Entre afroamericanos y latinos, suman casi tantas muertes como las de blancos, pese a que estas dos minorías no suponen más que el 30% de la población estadounidense, tal como recordó recientemente el presidente, Barack Obama.

La desproporción de la violencia policial es más patente aún cuando se desglosa cuántas de esas personas no iban armadas en el momento de su muerte por uno o varios agentes de la ley: De los 494 blancos abatidos, solo 32 estaban desarmados. Es decir, el 6% de los fallecidos. En el caso de los negros, la cifra se dispara al 14,7% y en los hispanos llega al 10,4%.

Son pocos en Estados Unidos o fuera del país a los que no les suena el nombre de Michael Brown, el adolescente negro desarmado que fue matado a tiros por un policía blanco en Ferguson (Misuri), en agosto de 2014. Y todavía perduran las protestas por Philando Castile y Alton Sterling, los dos negros cuyas muertes a manos de la policía este mes fueron grabadas y difundidas rápidamente por las redes sociales. Pero muchos se quedan en blanco al escuchar nombres como el de Antonio Zambrano Montes de Pasco (Washington), Rubén García Villalpando de Euless (Texas) o de Ernesto Javier Canepa Díaz en Santa Ana (California). Los tres hombres, de origen mexicano y de entre 28 y 35 años, también murieron por disparos de policías el último año pese a que no iban armados.

Y no se trata solo de casos tan extremos. La discriminación se siente a menudo en incidentes diarios menores, hasta el punto de que más de un hispano se lo piensa dos veces antes de pedir ayuda a la policía, apunta Walther-Rodríguez. “Es un problema que tiene nuestra comunidad latina. A veces, cuando una persona necesita a la policía, hay ese temor de que ‘si llamo a la policía, quizás me pase algo peor’”.

Esto no es nuevo. Según un estudio de la Fundación W.K. Kellogg y la encuestadora Latino Decisions de 2014, el 68% de los latinos teme que la policía pueda hacer un uso excesivo de la fuerza contra ellos. Hasta el 18% de los consultados dijo tener un familiar o amigo víctima de la brutalidad policial.

Y el recelo supera el ámbito policial. El 52% de los hispanos consultados el mes pasado por el Pew Research Center dijo haber sufrido algún tipo de discriminación o haber sido tratado de manera injusta por su raza o grupo étnico.

El temor a acudir a la policía es algo que comparten afroamericanos e hispanos, señala Walther-Rodríguez. Pero en el caso de los latinos, a menudo hay complicaciones adicionales en su relación con las autoridades más allá de un temor a una discriminación racial: una situación migratoria irregular —en EE UU hay unos 11 millones de indocumentados, en gran parte hispanos— y, también, en ocasiones, un escaso conocimiento del inglés.

En Baltimore y en el Estado de Maryland algo empieza sin embargo a cambiar. Activistas negros e hispanos se unieron tras la muerte de Freddie Gray y crearon la Campaña por Justicia, Seguridad y Trabajos, que lucha por una mayor transparencia policial. Ya cuentan con un primer logro: haber conseguido que el plazo para denunciar un abuso policial se amplíe de 90 días a un año y un día, celebra Walther-Rodríguez. Pero aún queda mucho camino por recorrer. “Sabemos que tenemos que luchar juntos, porque estos casos muchas veces están saliendo a la luz gracias a la habilidad de la comunidad de organizarse. Y eso viene en común con conocer nuestros derechos, y saber reportar lo que está pasando”.

EP

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