La voracidad y el inconformismo le reportaron este domingo al inglés Lewis Hamilton (Mercedes) su quinta victoria en el Gran Premio de Hungría, acompañada, esta vez, del suculento premio de liderar el Mundial de Fórmula Uno con seis puntos de renta sobre Nico Rosberg.

Por quinta vez en las seis últimas pruebas del campeonato, el británico lanzó al cielo el trofeo que le acredita como vencedor.

A esa repetida celebración sobre el primer cajón del podio agregó hoy una mayor euforia: ganar en Budapest le permitió rebasar los cuatro triunfos del alemán Michael Schumacher, con quien compartía el récord histórico de victorias en la ciudad húngara, y asumir el liderato del Mundial con una conducción absolutamente dominante.

“He sido capaz de gestionar los neumáticos, el coche, la distancia y de reaccionar cuando era necesario. Los doblados me han causado algunos problemas, pero he mantenido todo en su sitio”, explicó en rueda de prensa el tres veces campeón del mundo de Fórmula Uno.

En 2008 estrenó su palmarés con McLaren y, tras saborear la gloria, ya con Mercedes, en las dos últimas campañas, Hamilton reivindicó su favoritismo a un tercer entorchado consecutivo al adueñarse tras la disputa del Gran Premio de Hungría de una posición que le había sido ajena durante la primera parte de la temporada.

Hoy volvió a negar una victoria a su compañero de fábrica. También acalló las voces que presentaban a Red Bull como alternativa al duopolio de las flechas plateadas. Ni el australiano Daniel Ricciardo, tercero, ni el holandés Max Verstappen, quinto, tuvieron opciones reales de victoria. Incluso el alemán Sebastian Vettel (Ferrari), cuarto, combatió con el equipo de la bebida energética.

Con 52 grados centígrados sobre el asfalto, la temperatura más alta del fin de semana, la gestión de los neumáticos resultó fundamental para el desenlace del undécimo Gran Premio del curso. Agencias

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