Por Jesús Arenas

No es necesario ser summa cum laude en economía para saber cuándo los números cuadran o no. Mi experiencia contable y la curiosidad no me hacen extraño a las cuentas ni a los números. En consecuencia, me gusta la frase de John Kenneth Galbraint: “Hay dos clases de economistas: los que no tenemos ni idea y los que no saben ni eso”. Buen aporte para entender un poco lo que ocurre a grosso modo en la economía mundial. Es decir, en comprender el fracaso real de las economías occidentales inscritas bajo el pretendido neoliberalismo. Todo comenzó, podríamos iniciar la novela, desde la hecatombe griega.

Surgió, después de tantos anuncios de parto, una desconexión entre la realidad de la tragedia económica y una fantasía adornada de triunfalismos hipotéticos de la bonanza europea. La mueca se asomó indiscretamente e inevitable, porque no habían manos suficientes que continuaran ocultando esa irracionalidad financiera. Esa brutal apropiación de los recursos del conglomerado social. La burbuja bursátil se disparó como bruja sin escoba hacia aquellas brújulas desorientadas de Wall Street (y demás bolsas). Desde hace más de siete años se vislumbraba ese hundimiento global en las economías europeas. Solo que los amos de las finanzas raspaban sus ollas mediante el estrangulamiento a sus deudores.

Y reventó el big bang de la moneda, del mercado, de los convenios, de las bolsas bursátiles y de los negociados oscuros. Toda la catedral de usufructos se desplomó lenta pero trágicamente. Nuestro comandante, razonable y analista como siempre, lo dijo en muchas ocasiones de su Alo Presidente. Lo decía circunscribiéndose al plano regional pero el mensaje era universal: “pónganse las alpargatas que lo que viene es joropo”. Factores adversos y perturbadores aceleraron el drama económico en Venezuela, pero indudablemente que el camino predicho por Chávez es el correcto.

Del lado del continente viejo, el agiotismo alemán incrementó la especulación financiera sobre Grecia. Sus exigencias arrogantes sobre ese hermano país, sometieron la política y a sus políticos. La música siniestra de fondo y del Fondo continuaba. Esa insistencia aumentó la pérdida de credibilidad en los mercados adyacentes y desconfiguro los emergentes. Contra la puja de los “jerarcas de las finanzas” en defensa de sus privilegiados derechos vitalicios y con el fin obcecado de mantener la hegemonía monetaria, se alzaron los pueblos. Desde el 2002 la crisis se anunció. Los riesgos potenciales se fragmentaron, arrastrando los errores políticos y avivaron la serpiente especulativa.

Esa furia desencadenada incitó las espirales alcistas, reforzada por la disminución de compradores y la lenta venta en masa de activos a la espera de una regulación o recuperación que aún está en mora. Las economías europeas y sus teorías han tropezado con la cruenta situación de sus pueblos. Mientras tanto, estos, sufren los aletazos crujientes en sus estómagos y en sus medios laborales. La única viabilidad posible, así lo han dado a entender sus gobernantes, es mirar hacia el sur del mundo; hacia ese tercer mundo despreciado y explotado. Por eso la señora economía tiene el hueso quebrado por todo el espinazo y tendrá, a costa de su orgullo, que bajar el tono y establecer lazos con Suramérica.

Región que aprendió la lección del pasado. Sus países progresistas no están dispuestos a negociar sin ventajas atrayentes para sus colectivos, porque una voz insurgente y solidaria continua despertando, aun después de su partida, la necesidad de la igualdad, la libertad, la autonomía y el derecho justo de disfrutar de una economía de todos y para todos. Fuera de ventajismos exagerados y bajo la egida de tiempos y hombres nuevos. La recién finalizada cumbre XVII de MNOAL ha dado sus primeros campanazos en el renglón dos de los once puntos acordados para la agenda de la nueva presidencia presidida por Venezuela hasta el año 2019.

fundapoder@hotmail.com

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