El sector duro de la Iglesia de México ha orientado sus cañones hacia Enrique Peña Nieto. El apoyo del presidente a que se legalice en todo el país el matrimonio gay ha sido tomado como una afrenta por los jerarcas católicos más conservadores y han lanzado su contraataque. Sin cortapisas, como muestra el editorial del domingo del semanario de la Arquidiócesis Primada de México, en el que se tacha el programa de reformas del Gobierno de “pura retórica populista”.

Altavoz mediático del poder eclesial de la capital, comandada por el poderoso cardenal Norberto Rivera, la publicación Desde la fe machaca en su artículo el trabajo del Ejecutivo de PRI y presenta como un fracaso su plan de renovación del país. “El Gobierno actual (…) logró un cúmulo de reformas que motivaron los discursos más triunfalistas y atronadores (…). Sin embargo, la realidad es distinta y apabullante”, dice el editorial, que pasa rigurosa lista a los problemas de la economía mexicana (aumento de la pobreza, depreciación de la moneda, subidas en combustible y electricidad) y redobla el trueno: “El cinismo no puede ser más descarado cuando los responsables de estas políticas menosprecian informes de organismo internacionales sobre la pobreza rampante, aseverando que se puede vivir holgadamente con 12 pesos diarios [0,65 dólares]”.

Peña Nieto comenzó su mandato en 2012 apostando por modernizar el Estado con reformas en sectores como Energía, Telecomunicaciones, Educación y Hacienda. Cuatro años después, según el titular del editorial de la Iglesia, las reformas son “un barco que hace agua”.

El guantazo alcanza no sólo al Gobierno sino a todo el sistema político y judicial, con fragmentos de agarrarse fuerte a la silla. “No se puede seguir sosteniendo a partidos políticos que disfrutan del gasto público millonario; esto raya en la obscenidad (…). Ya no se pueden soportar dietas y emolumentos del Poder Legislativo y de organismos autónomos empeñados en lujos, prebendas y canonjías. No es justo conceder prestaciones y compensaciones multimillonarias a once ministros del Poder Judicial apoltronados y envueltos en carísimas togas de más de medio millón de pesos, que encubren su pragmatismo y favoritismo por ideologías que dinamitan instituciones del Derecho, vulnerando preciadísimos valores sociales como el matrimonio entre un hombre y una mujer, la protección de la familia o el respeto a la vida de los niños en el seno materno”.

La invectiva, además, busca respaldo en el papa Francisco, quien, advierte el texto, “reprueba la economía sin rostro humano y denuncia los sistemas neoliberales injustos y corruptos”. El toque de progresismo económico armoniza dos conveniencias, criticar al Gobierno y tratar de sintonizar con el Pontífice, que no se ha mostrado cercano a dicho grupo, sino a otros de acreditada sensibilidad social, y que hace apenas dos semanas nombró un nuevo nuncio en México cuyo reto será, precisamente, acometer otra reforma: la de la Iglesia mexicana.

 

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