Según lo expuesto en un documento publicado el martes 25 de octubre, la unidad de la Iglesia católica prohíbe a sus fieles esparcir las cenizas de los difuntos, dividirlas entre los familiares y también que sean conservadas en casa.

La Doctrina de la Fe, el ex Santo Oficio, redactó un nuevo documento con el nombre de ‘Instrucción Ad resurgendum cum Christo’ que sustituye al anterior de 1963, que fue aprobado el 18 de marzo de 2016 por el Papa Francisco y que pone orden ante las nuevas prácticas, tanto de sepultura como de cremación, consideradas “en desacuerdo con la fe de la Iglesia”, reseñó el portal web del diario Correo del Orinoco.

En el documento se explica que aunque la Iglesia sigue prefiriendo la sepultura de los cuerpos, se acepta la cremación pero se prohíbe esparcir las cenizas, dividirlas entre familiares o conservarlas en casa.

“Para evitar cualquier malentendido panteísta, naturalista o nihilista, no será permitida la dispersión de las cenizas en el aire, en la tierra o en el agua o en cualquier otra forma, o la conversión de las cenizas en recuerdos conmemorativos, en piezas de joyería o en otros artículos”, agrega el documento.

Además advierte que, “en el caso de que el difunto hubiera dispuesto la cremación y la dispersión de sus cenizas en la naturaleza por razones contrarias a la fe cristiana, se le han de negar las exequias”.

La Iglesia católica por medio del documento señala que no se pueden permitir “actitudes y rituales que impliquen conceptos erróneos de la muerte, considerada como anulación definitiva de la persona, o como momento de fusión con la Madre naturaleza o con el universo, o como una etapa en el proceso de reencarnación, o como la liberación definitiva de la ‘prisión’ del cuerpo”.

Para la Iglesia, “la conservación de las cenizas en un lugar sagrado puede ayudar a reducir el riesgo de sustraer a los difuntos de la oración y el recuerdo de los familiares y de la comunidad cristiana”.

Por esto agregaron que las cenizas del difunto, “deben mantenerse en un lugar sagrado; es decir, en el cementerio o, si es el caso, en una iglesia”.

El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Gerhard Mueller, explicó ante estas decisiones que “los muertos no son propiedad de los familiares” y que además “son hijos y forman parte de Dios y por ello no se celebran ritos privados sino ceremonias públicas y esperan en un campo santo su resurrección”.

La Iglesia, aunque autoriza la cremación “por razones de tipo higiénico, económicas o sociales”, sigue prefiriendo la sepultura de los difuntos porque “favorece el recuerdo y la oración por los difuntos por parte de los familiares y de toda la comunidad cristiana, y la veneración de los mártires y santos”.

No obstante, “la Iglesia no ve razones doctrinales para evitar esta práctica, ya que la cremación del cadáver no toca el alma y no impide a la omnipotencia divina resucitar el cuerpo”, escriben.

Pero para el secretario de la Comisión Teológica Internacional, Serge-Thomas Bonino, quien intervino en la rueda de prensa, “la cremación es algo brutal”, agregó que “no es un proceso natural sino que interviene la técnica y no permite a las personas cercanas acostumbrarse a la falta de un ser querido”. Agencias

COMPARTIR