Por: Álvaro Samuel

Hay hombres que nacen para el goce inicuo de la vida y otros que nacen para cargar el dolor de los oprimidos en los hombros. Anteponiendo el deber a los placeres, José Julián Martí Pérez y Eugenio María de Hostos decidieron ser hombres de su tiempo. De moral intachable, vivieron solo para cumplir con su deber, que era luchar por la independencia de Puerto Rico y Cuba. Dos seres que dejaron su huella marcada en el mundo de la literatura, del periodismo, de las ciencias políticas, de la pedagogía, del teatro, del derecho; dos existencias nacidas en nuestras Antillas hermanas.

Ellos lucharon por liberar ambos pueblos del despotismo de la mala madre patria. Ninguno odió al pueblo de la metrópoli, estaban en contra del imperio español en la medida en que él estaba en contra de la libertad. Igual que la roca que siempre se enfrenta con la olas, sus vidas estaban signadas por las lucha contra la cobardía, codicia y envidia de los que no sabían vivir para sus semejantes.

Eugenio María de Hostos (Puerto Rico, 1839-1903), cursó estudios en el Instituto de Segunda Enseñanza, en Bilbao (España), por influencia paterna pasó a estudiar derecho en la Universidad Central de España, carrera que no terminó. Se codeó con lo mejor de la juventud intelectual española: Giner de los Ríos, Salmerón, Azcarate, Castelar, Pi y Margall, Ruiz Zorrilla, Valera, Leopoldo Alas, entre otros. Hostos era un Krausiano y positivista idealista, influencias que nutrieron su pensamiento y sus pasos durante toda su vida. Entre sus grandes obras encontramos Peregrinación de Bayoán, Moral social, el ensayo Hamlet, el libro Lecciones de Derecho Constitucional. Además de su trabajo pedagógico en Santo Domingo, Chile y Venezuela, entre otros.

José Julián Martí Pérez (Cuba, 1853-1895), hijo de españoles humildes, tuvo que estudiar y trabajar para ayudar en la economía del hogar. En sus años mozos fue discípulo de Rafael María Mendive[1], expresó sus ideas políticas independentista en varios periódicos efímeros, entre ellos el periódico Patria[2], donde publicó su obra de teatro Abdala, entre muchos otros textos. A la edad de 17 años sufrió presidio en su isla, de cuya experiencia escribió el hermoso texto Presidio político. Fue desterrado a España (1871-1874), allá termina su bachillerato, estudia Derecho, Filosofía y Letras. Al igual que Hostos, tuvo que peregrinar por varios países de nuestra Mayúscula América (Guatemala, México, Venezuela), también vivió una temporada en París y otra más larga en New York; en cada país ejerció el periodismo, hasta que volvió a Cuba a luchar y morir por la independencia. La publicación de todos sus textos está compendiada en 28 tomos por la Editorial Letras Cubanas, de ellas podemos nombrar la revista La edad de oro, el ensayo Nuestra América, entre sus poemarios Ismaelillo, Versos libres, Flores del destierro, Versos sencillos.

Es interesante que aunque los dos lucharon por los mismos ideales libertarios, al parecer nunca llegaron a conocerse en persona ni en trato epistolar. Lo que sí se sabe es que conocían sus trabajos en pro de las Antillas, eso lo demuestra el historiador cubano Emilio Roig de Leuchsenring en su ensayo Hostos y Martí, dos ideologías antillanas concordantes, en éste ensayo incluye el siguiente artículo de Martí titulado Catecismo democrático, publicado en el periódico Federalista el 5 de diciembre de 1876, que dice lo siguiente:

CATECISMO DEMOCRÁTICO

 “Eugenio María de Hostos es una hermosa inteligencia portorriqueña cuya enérgica palabra vibró rayos contra los abusos del coloniaje en las cortes españolas, y cuya dicción sólida y profunda anima hoy las columnas de los periódicos de Cuba Libre y Sur América que se publicaron en Nueva York.

 En Hostos se equilibran dos cualidades cuyo desnivel desdora y precipita a gran cantidad de talentos americanos: la imaginación hace daño a la inteligencia, cuando ésta no está sólidamente alimentada. La imaginación es el reinado de las nubes, y la inteligencia domina sobre la superficie de la tierra; para la vida práctica, la facultad de entender es más útil que la de bordar fantasmas en el cielo.

 Hostos, imaginativo, porque es americano, templa los fuegos ardientes de su fantasía de isleño en el estudio de las más hondas cuestiones de principios, por él habladas con el matemático idioma alemán, más claro que otro alguno, oscuro sólo para los que no son capaces de entenderlo.

 Ahora pública el orador de Puerto Rico, que ha hecho en los Estados Unidos causa común con los independientes cubanos, un catecismo de democracia, que a los Cuba y su isla propia dedica, en el que de ejemplos históricos aducidos hábilmente, deduce reglas de república que en su lengua y esencia nos traen recuerdos de la gran propaganda de la escuela de Tiberghien y de la Universidad de Heidelberg.

 Así, al ocaso, tomamos de Hostos un párrafo que acabamos leer, y ese párrafo es éste que acaso pueda tener algunas analogías con nuestra situación:

 “El imperio democrático que desde César Augusto hasta Napoleón III ha tratado de combinar dos principios antagónicos, no porque haya entre ellos antagonismo lógico, sino porque están aplicados con falacia y con maldad, destruye el principio democrático porque sustituye un pueblo por un hombre, y destruye el principio de autoridad de la ley e imperio de la ley, porque hace legislador, ejecutor y juez a un supuesto delegado de la voluntad popular.

 “La república democrática, o de la clase media, recién nacida en Francia después de haber muerto en Italia dos siglos y medio, falsea el principio de soberanía y adultera el principio de elección que, lealmente aplicados, constituyen el principio republicano de gobierno”.

 Claro es que no copiamos esto porque venga precisamente a cuento, ni porque tengamos o podamos tener en México imperio democrático, pero en tiempo de convulsiones políticas, nunca está de más la palabra que recuerda cómo el principio de soberanía, que es la expresa e incontestable voluntad de todos, es el único que puede ya regir a un pueblo como el nuestro, habituado a ejercer con energía y sin contradicción su voluntad.”

 

En el mismo ensayo de Leuchsenring encontramos un fragmento que escribe Hostos en el artículo Testamento de Martí, publicado en el periódico la Ley, en octubre de 1895, en la cual limita a Martí como un simple ejecutor de las ideas revolucionarias de los portorriqueños.

 “No son ideas de Martí, sino de la revolución, y especialmente de los revolucionarios puertorriqueños que, en cien discursos y mil escritos e innumerables actos de abnegación han predicado, razonado y apostolado a favor a favor de la Federación de las Antillas; pero esas ideas de comunidad de vida, de porvenir y de civilización para las Antillas están expresadas con tan íntima buena fe por el último apóstol de la revolución de las Antillas, que toman nuevo realce”.

 

LA PEREGRINACIÓN DE BAYOÁN Y ABDALA

Dos soles pueden brillar con luz similares, pero si uno se fija bien ambos tienen manchas que los diferencian, y si hablábamos del punto de vista con que Hostos y Martí veían la literatura, estaremos ante dos ideologías muy diferentes. En Hostos podemos encontrar una forma de escribir no tan metafórica como la de Martí, eso se puede entender porque el portorriqueño veía la literatura desde el punto de vista de la filosofía y la sociología, lo que influyó en su forma de escribir literal y plana, si la comparamos con el estilo del prócer cubano.

Hablar de la obra literaria de Martí y de Hostos, es como entrar a un océano de textos, porque cultivaron la poesía, el cuento, ensayos literarios, la dramaturgia, la crítica literaria. Hostos cultivó muy poco la poesía, escribió cuentos (En barco de papel y De cómo volvieron los haitianos) y obras de teatro (Loa a Mamá y La llegada de la guagua), todas para sus hijos; en sus ensayos literarios siempre vio primero al hombre y sus acciones antes que sus textos. Martí dejó una herencia poética en sus cuatro poemarios (Ismaelillo, Versos libres, Flores del destierro, Versos sencillos); con relación al género cuento, el cubano se entregó por completo a los niños y niñas de Cuba y América Latina, quien haya podido leer La edad de Oro, recuerda con cariño los cuentos Meñique, Bebé y el señor don pomposo, La muñeca negra, entre otros.

Para ambos próceres la novela fue un género poco cultivado, aunque nadie puede negar que hubieran llegado a ser grandes novelistas, porque tenían talento de sobra. En el prólogo de su novela Lucía Jerez, publicada también como Amistad funesta, Martí escribió:

Quien ha escrito esta noveluca, jamás había escrito otra antes, lo que de sobra conocerá el lector sin necesidad de este proemio, ni escribirá probablemente otra después”.

Revisando el ensayo Crítica y estilos literarios en Eugenio María de Hostos, de José A. Balseiro, hallamos un párrafo de Hostos donde afirma:

“La novela es necesariamente malsana. Lo es dos veces: una, para los que la cultivan; otra, para los que la leen. En sus cultivadores vicia funciones intelectuales, o para ser puntualmente exacto, operaciones capitales del funcionar intelectual. En los lectores vicia, a veces de una manera profunda, irremediable, mortal, la percepción de la realidad. En unos y otros determina un estado enfermizo, que se caracteriza por un apetito desarreglado de sensaciones y por una actividad aislada y solitaria de la fantasía. El hacedor de novelas, víctima inconsciente de su estado psicológico, hace el mundo a imagen y semejanza de su propio estado de razón y sentimiento; por su parte el lector de novelas busca y pide un mundo semejante al mal imaginado y mal sentido por el novelista”.

Los primeros pasos de un hombre son los que lo definen para toda su vida, el que da su primer paso en contra de sus semejantes será corrompido por los placeres inicuos; el que da su primer paso en pro y por sus semejantes tendrá muchos enemigos, pero no yerra en su andar. Entre los primeros pasos que Martí y Hostos dieron para lograr la independencia de las Antillas (de la cual la de Puerto Rico todavía no se ha logrado), se encuentran sus obras Abdala y La peregrinación de Bayoán, obras cumbres de la literatura de América Latina de todos los tiempos, a pesar de que no todos los críticos les conceden la altura que merecen.

La peregrinación de Bayoán es la única novela publicada por Hostos en toda su vida, y lo hizo en 1863, a la edad de 24 años, mientras se encontraba en España luchando por la independencia de las Antillas con sus ideas autonomistas y reformistas en las cortes de España, ideas que abandonaría luego para luchar por el separatismo. En esta novela plasmó sus sentimientos acerca de la situación vivida en sus adoradas Antillas, las representa simbólicamente en los personajes principales de la obra: Guarionex (Santo domingo), Bayoán (Puerto Rico) y Marién (Cuba). La carga de verdades que contiene la novela enmudeció a muchos críticos de la época, que no se atrevían a escribir una palabra sobre ella en los periódicos o revistas, pero sí la elogiaban en cartas privadas al autor. Hasta tal punto llego la censura que fue prohibida en Puerto Rico y en España, quemándose la mayoría de los ejemplares, pero al igual que el sol que no se puede tapar con un dedo, varios ejemplares se salvaron de la censura y fueron a parar en manos de compatriotas suyos que la pasaban de mano en mano después de ser leída, igual ocurrió en España.

Mientras aún era discípulo de Mendive, el joven de 16 años José Martí publica Abdala, obra de teatro que al igual que la novela de Hostos buscaba hacer arder en los hombres y mujeres de Cuba el patriotismo necesario para luchar por la independencia de la isla. Este texto fue uno de los motivos que lo llevó a presidio, es que el personaje Abdala representaba a cada cubano y cubana de la época que prefiriendo el horror de la guerra salían al combate con Céspedes (en ese tiempo ya se había dado el Grito de Yara, 10 de Octubre de 1968), a una vida de rodillas frente a España.

El deber y la felicidad no van siempre agarrados de la mano, a veces son polos opuestos como la luz y la sombra; Bayoán y Abdala llevan impregnados la lucha interna entre el deber hacia sus patrias y sus derechos a una vida feliz con sus seres queridos e indigna a la vez si no cumplían con sus deberes patrióticos. En ambos se puede notar la carga biográfica de sus respectivos creadores.

Bayoán nos dice en su nota de Octubre 12.

¡Otra vez, otra vez!… Oh patria mía, ¡cuántos dolores me cuestas! Apenas sosegado mi corazón, apenas calmadas las agitaciones que la meditación de ese otro mundo me ha causado, ¡y otra vez abandonarte!

¡Campos, cielo, patria…!

Nunca he sentido las angustias que ahora siento: comprímese mi pecho, retuércese mi corazón, ahógame el vacío. El Luquillo, que siempre se me ha presentado magnífico y azul, está cubierto por nubes de color muerte, desvanecido en un horizonte oscuro; el campo, que siempre me ha alegrado, me entristece ahora el cielo yo no me sonríe, el sol no tiene brillo

¿Qué desgracias auguráis, sol, cielo, campos, caprichosa sierra?

¡Y el mar también sombrío! Sus olas me recuerdan el destierro: yo llevo uno conmigo. ¿Por qué me asusta su soledad…?

¡Ah, si pudiera quedarme…!

 -Capitán, capitán, ¡quiero quedarme!

La implacable goleta se parece al destino, y no se detendrá.

¡Contemplemos la playa: ella también! Como mi montaña, como mis campos, como todo huye de mí.

¿Se ha puesto el sol…? Ha hecho bien: así mis ojos tendrán la misma oscuridad que tiene mi alma”.

 

Abdala, por su parte, nos habla en la primera escena con estas palabras que expresan valor y fuerza espiritual acordes con el guerrero que es:

“Pues decidle al tirano que en la Nubia

Hay un héroe por veinte de sus lanzas:

Que del aire se atreva a hacerse dueño:

Que el fuego a los hogares hace falta:

Que la tierra la compre con su sangre:

Que el agua ha de mezclarse con sus lagrimas”.

Son dos hombres diferentes, con personalidades diferentes, el peregrino (Bayoán), un hombre cargado de sufrimiento espiritual por tener que salir exiliado de su isla, cosa que Hostos tuvo que sufrir en carne propia, al igual que Martí. Abdala el guerrero con una gran fuerza en sus palabras desafía al invasor de su adorada Nubia, igual que lo hacia el joven apóstol José Martí con la pluma en el periódico Patria.

Cuando Hostos escribió La peregrinación de Bayoán, todavía creía en un posible arrepentimiento de España, por eso Bayoán es optimista y todavía cree que la mala madre España pedirá perdón a las colonias por sus maltratos, ese sentimiento lo expresa en el siguiente párrafo de octubre 16 por la tarde:

“Está como los niños, vacilando: día llegara en que pise con firmeza: día llegará en que comprenda sus yerros pasados, y que quiera remediarlos: abrirá los ojos y verá; la luz la hará feliz; hará lo que aún no ha hecho: será justa; bajara la cabeza ante el eterno anatema de la historia, buscara con los ojos a América: -allí está- se dirá –mi porvenir: -se enmendará; los que llamó sus hijos, volverán como hermanos a la que fue su madre, y reunidos, y respetándose, lograrán su bienestar pasado, y España su perdón”.

En cambio Martí siempre tuvo claro que España nunca vería a las últimas de sus colonias con respeto y arrepentimiento, por eso Abdala sabía que su deber era luchar, porque el ejército invasor nunca cambiaría la idea de esclavizar y robar las riquezas de su Nubia. Al final de la escena cuatro afirma:

“Un rayo sólo detener pudiera

El esfuerzo y valor del noble Abdala!

¡A la guerra corred nobles guerreros,

Que con vosotros el caudillo marcha!”

La esclavitud fue un cáncer que vino con la conquista del imperio español sobre la Abya Ayala y ambos escritores reflejaron sus disgustos ante este tema de suma importancia. Ellos creían que africanos y africanas tenían derecho a ser tratados como humanos y no como animales. Las quejas sobre el tema de la esclavitud están patentes en la siguiente nota del Diario de Bayoan en enero 30. Por la mañana:

“Allí, cerca de Bayamón, hay una hacienda: su dueño tendrá esclavos: si quieren arrebatárselos resistirá, defenderá lo suyo, hará tal vez una defensa heroica: después abandonará al látigo del capataz a sus esclavos, y ni sus gritos, ni sus quejas, ni sus llantos lograrán conmoverlo”.

En la misma nota agrega más adelante:

“Es cruel el hacendado, porque se olvida del infeliz que le da oro, y deja que lo veje un mayordomo. Es cruel el hacendado, porque es ciego: los ojos ven los efectos de la crueldad, y la injusticia, y pueden remediarlos: la ceguedad no ve. Es ciego el hacendado, porque es cruel”.

Estas breves palabras dejan claro la posición del joven Hostos sobre la esclavitud al momento de escribir su novela, aunque esta parábola no fue entendida como el escritor quería, y en la segunda edición de La peregrinación de Bayoán agrega la siguiente nota al píe:

“Esta parábola, en la cual, bajo la forma de un dueño de esclavos, se presenta y se condena a España colonial, fue tan mal interpretado por algunos puertorriqueños, que suponían era un ataque personal a un hacendado cruel, como bien comprendida por los españoles, para quienes era una detestable defensa de la abolición de la esclavitud y una amenaza de independencia.

Siempre en todo han sido conmigo más justos mis enemigos que mis amigos”.

Entre las coincidencias que podemos encontrar entre Bayoán y Abdala, la posición contaría a la esclavitud, y la voz fuerte y valiente del noble Abdala sale de las páginas para afirmarnos su condición de nubio y su capacidad para morir cumpliendo el honor de defender su patria.

“¡Soy nubio! El pueblo entero

Por defender su libertad me aguarda:

Un pueblo extraño nuestras tierras huella:

Con vil esclavitud nos amenaza;

Audaz nos muestra sus potentes picas,

Y nos manda el honor y Dios nos manda

Por la patria morir, antes verla

Del bárbaro opresor esclava!”

Martí con este dialogo de Abdala pudo mostrar la fuerza reflejada en el rostro de un guerrero que prefiere morir antes que ver a la mujeres y a los niños y niñas de su patria, a los ancianos de su patria, a los hombres de su patria esclavos de un vil opresor, y más que eso refleja su valor interior al ver a sus hermanos y hermanos en la condición de esclavos del Imperio español.

Las madres son huracanes de sentimientos encontrados que se siembran en nuestros corazones para no dejarnos jamás. Basados en la presencia y participación importante que tienen Espirta (la madre de Abdala) la cual hace presencia desde la escena 4 hasta la última escena de la obra del apóstol cubano, y la madre de Marién, a la cual Hostos solo nombra en la novela como la “esposa de Guarionex” o “la madre de Marién” podemos inferir que la influencia materna en los dos escritores fue de gran peso, porque hasta ponen a dudar a los héroes de sus respectivas obras sobre los pasos que deben dar.

Podemos ver en la nota de enero 10 del diario de Bayoán la influencia de la esposa de Guarionex al insinuar la posibilidad de quedarse junto Marién y olvidar su deber con la patria:

“-Pero si es posible, Bayoán, quédese usted. (Insinúa la madre de Marién).

Su voz humilde y dolorosa agitó mi corazón.”

Un hecho notable en la novela del portorriqueño es que a la primera persona que Bayoán confiesa su amor por Marién es a la madre de ella, y a ella misma es a la primera que le informa de su pronta partida para España, lo que coloca la suposición de la influencia materna sobre Hostos en una base más firme.

Espirta puede ser una manifestación literaria de la madre del Joven Martí, en varios textos de la madre del héroe nubio se plasma una fuerza que casi contiene al guerrero Abdala, verbigracia el tercer diálogo de la escena 4 cuatro la madre dice:

“Pues si exige el honor que al campo vueles,

Tu madre hoy que te detengas manda!

Y en su primer y segundo dialogo de la escena 5 afirma con más fuerza su condición de madre:

“¿Y tanto amor a este rincón de tierra?

¿Acaso él te protegió en tu infancia?

¿Acaso amante te llevó en su seno?

¿Acaso él fue quien engendró tu audacia

Y tu fuerza? Responde! O fue tu madre?

¿Fue la Nubia?”

Muy pocas personas pueden escribir su futuro, es que la clarividencia es una capacidad de los valientes, que a punta de valor toman el timón de sus vidas con tanta fuerza que ella cede, así como cede el hombre enamorado a la voluntad de la mujer amada.

José Julián Martí Pérez y Eugenio María de Hostos son de esos hombres que sin querer escribieron el último capítulo de sus vidas en las obras Abdala y La peregrinación de Bayoán, respectivamente. El prócer cubano murió en Dos Ríos luchando por la independencia de su patria, abrazado por el cielo y la tierra de su madre, Cuba; así fue la muerte de Abdala en brazos de Espirta, mirando, escuchando el campo de batalla, sintiendo cómo los cobardes huían de las lanzas nubias, y pronunció estas palabras como testamento de su vida:

“La vida de los nobles, madre mía,

Es luchar y morir por acatarla

Y es preciso, con su propio acero

Rasgarse por salvarla las entrañas!

Más… me siento morir: en agonía

(A todos) no vengáis a turbar mi triste calma.

Silencio!… quiero oír… Oh! me parece

Que la enemiga hueste derrotada

Huye por la llanura… Oíd!… Silencio!

Ya los miro correr… a los cobardes

Los valientes guerreros se abalanzan…

Nubia venció! Muero feliz: la muerte

Poco importa, pues logré salvarla…

Oh! qué dulce es morir, cuando se muere

Luchando audaz por defender la patria!”

El portorriqueño Eugenio María de Hostos no se quedó atrás al narrarnos el final de sus primaveras, porque al igual que Bayoán pasó toda su vida en un eterno peregrinar por América luchando cada día por la independencia de las Antillas, especialmente Puerto Rico –que por ahora no ha conocido una vida independiente-. Pero a diferencia del cubano, él se mete directamente en su obra y nos narra en la última nota del diario-novela de Bayoán las siguientes líneas:

“Febrero 21.

Anoche sentí ruido en el aposento de Bayoán. Subí sobresaltado… ¿Por qué he de temer que se suicide, si la vida es suicidio…?

Estaba preparando su equipaje:

  • ¿Qué es eso?- le pregunté.
  • Salgo mañana para América.
  • ¡Y sin decirme nada…!
  • Perdóname: tengo que hacer tantos esfuerzos para alejarme de aquí, que he temido que tu simpatía por mi dolor, me disuadiera. Y ya lo ves, amigo mío: yo no puedo vivir como ahora: necesito otra vida: movimiento, actividad, olvido… América es mi patria; está sufriendo, y tal vez su dolor calme los míos… Si puedo encontrar allí lo que en vano he buscado en Europa; si una de esas repúblicas hay un lugar para un hombre que ama el bien, después de recorrerlas todas, después de estudiar sus necesidades presentes, y evocar su porvenir, me fijare en la que más reposo me prometa… Si en ninguna la encuentro, seguiré peregrinando…”

Todavía queda mucho que decir de las premonitorias cargas biográficas plasmadas por Martí y Hostos en estas obras universales de la literatura Latino Americana, obras que merecen ser leídas entendiendo que los protagonistas de ambos textos son en gran parte el reflejo de sus demiurgos y la proyección de sus vidas. Cuando cayeron en mis manos ambas obras nunca pensé que haría este ensayo, en mi condición adoptada de martiano y hostosiano apenas pago parte de mi deuda a estos dos hombres que hicieron con sus vidas un ejemplo para las futuras generaciones.

[1]Rafael María Mendive: cubano, nace 1821 y muere en 1886. Director de la escuela Superior de la Habana.

[2] Periódico Patria: Gestado por José Martí con el fin de a través de sus páginas impulsar el propósito del Partido Revolucionario Cubano (PRC) de alcanzar la total independencia de Cuba y Puerto Rico del dominio español mediante la lucha armada. Esta publicación vio la luz en la ciudad de Nueva York el 14 de marzo de 1892 y su último número fue el 522, con fecha 31 de diciembre de 1898.

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