Los recientes nombramientos de exmilitares por el presidente electo, Donald Trump, para cargos de seguridad nacional, preocupan hoy a expertos estadounidenses, quienes prevén un énfasis indebido de la nueva administración en el uso del poderío bélico.

 

La inclinación de Trump a nombrar exoficiales en posiciones clave va contra el concepto del control civil sobre los uniformados, un principio constitucional que algunos consideran vital para evitar que las Fuerzas Armadas se conviertan en un actor político en la sociedad, señala este martes el diario The New York Times.

El general retirado Michael T. Flynn, exdirector de la Agencia de Inteligencia de la Defensa, fue nombrado el viernes como asesor de seguridad nacional, mientras el exgeneral Stanley McChrystal, exjefe de las tropas en Afganistán, pudiera ser nominado como secretario de Defensa, puesto para el que también se menciona a James N. Mattis, general retirado de la Infantería de Marina.

Al mismo tiempo, el exdirector de la CIA y exgeneral David Petraeus, quien también lideró las fuerzas en suelo afgano, se menciona como posible candidato a secretario de Estado, cargo para el cual también se valora al exgeneral de la Infantería de Marina John Kelly, entre otros aspirantes a puestos en la nueva Administración.

El almirante Michael S. Rogers, director de la Agencia de Seguridad Nacional, es el único oficial aún en activo que está en la lista de favoritos de Trump, en este caso para convertirse en Director Nacional de Inteligencia.

De acuerdo con el Times, algunos de estos exjefes militares tienen en común una historia de enfrentamientos con el presidente Barack Obama cuando ocuparon cargos en su Administración, en particular Flynn, quien tuvo que abandonar el puesto ante la ineficacia de su gestión.

Incluso Mattis, que supervisó las operaciones militares en el Medio Oriente y suroeste de Asia desde 2010 a 2013, salió de esa posición porque el mandatario lo consideró demasiado implacable en las negociaciones sobre el acuerdo nuclear con Irán.

Sin embargo, el probable nombramiento de Mattis para la jefatura del Pentágono, levantaría cuestionamientos legales y políticos, pues se retiró en 2013 y según las leyes necesitaría un permiso especial del Congreso porque solo puede ser nombrado en ese cargo siete años después de su salida del servicio activo.

Por su parte, Kelly se opuso con fuerza al objetivo de Obama de cerrar la cárcel que Washington mantiene desde 2002 en la base naval de Guantánamo, instalación militar ubicada en suelo cubano contra la voluntad del pueblo y Gobierno de la isla.

En el caso de McChrystal salió del puesto después de manifestar sus posiciones críticas contra el mandatario en declaraciones exclusivas a la revista Rolling Stone, mientras Petraeus, como director de la CIA, tuvo contradicciones con el jefe de la Casa Blanca, aunque su salida del cargo fue por otros motivos.

Petraeus renunció en 2012 por otras causas, al involucrarse en un escándalo en el que se le acusó de divulgar documentos clasificados y sostener una relación extramarital.

Durante su campaña como candidato republicano a las presidenciales, Trump criticó con vehemencia la situación de las Fuerzas Armadas estadounidenses, propuso cambios profundos en esa institución, entre ellos aumentar el presupuesto militar, así como elevar los inventarios y el personal de las unidades.

Según el Comité para un Presupuesto Federal Responsable -organización no partidista- esos cambios pudieran costar a los contribuyentes más de 450 mil millones de dólares en la próxima década.

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