Después de leer buenos libros de análisis político decidí buscar entre los libros que tengo por leer una novela, un buen poemario o un libro de cuentos, y no conseguí nada que me llamara la atención, por eso me fui a la Librería del Sur en búsqueda del libro que me entretendría la semana pasada, y de unos que me tenía aparatados la amiga de la librería escogí un clásico de la literatura barinesa, un libro que quería leer hace rato.

Por solo 350 bs compré el libro Compañero de viaje (Fondo Editorial Fundarte, 2015), Escrito por el maestro Orlando Araujo (n.1928, m.1987), el cual como descubrir en mi tercer hemisferio el Diccionario Enciclopédico de las Letras de América Latina (DELAL), fue ensayista, cuentista y periodista, cursó sus estudios primarios en Calderas y Barinitas (Estado Barinas), la segundaria entre Táchira y Caracas, y en la Columbia University de Nueva York curso estudios universitarios de letras y economía –simultáneamente-, también se desempeño como profesor de las facultades de economía y humanidades en la Universidad Central de Venezuela (UCV), es que su talento fue tan reconocido que llegó a director de la escuela de Letras  de esa universidad.

Con relación al libro Compañero de viaje que fue publicado en 1970 –y también fue llevado al cine-, Earle Herrera en su trabajo La Neblina y el verbo: Orlando Araujo uno y Múltiple, opinó: “Orlando Araujo hace de los lectores compañeros de viaje de su honda aventura personal. En el acto de leer se pueden pasar y pasear los ojos por millares de páginas. Pero cada uno se encuentra de súbito dentro de la lectura, sumergido en ella, navegando en el texto como en la corriente de un río, empapado en sus aguas, es porque el acto de leer se ha hecho, no se sabe cuándo, pasión y placer: la letra es viva, la palabra mágica y el verbo encanto y misterio”.

Desde la primera página se siente la letra viva que menciona Earle, una nostalgia, pero no ese tipo de nostalgia triste, es más bien una que contiene la mezcla entre alegrías y tristezas que atrapan al lector. Cada palabra se combina con la siguiente de tal manera que parece la música de la corriente de un río, es una literatura-música de río que contiene una belleza que pocos escritores logran y que muchos buscan –me incluyo en ellos-, este libro es literatura y nadie podría negarlo.

Orlando Araujo, como escribió Gregoy Zambrano en la biografía que se encuentra en el DELAL tiene un “estilo personal, desenfadado, ofrece el testimonio directo de una época asumida vitalmente, al detalle de la historia. La carga afectiva que transmiten algunos de sus cuentos, cuyo contexto inmediato lo constituye la zona andina de  Venezuela, marcan en su obra narrativa los rasgos de una ruralidad latente que se recrea con alta exigencia en la fijación estética de su escritura”.

A lo expuesto arriba por Gregoy Zambrano agrego que Orlando tiene la capacidad de describir imágenes claras en tan pocas palabras que parece que uno fuera el que camina por esos paisajes. Como dice Earle, como lector nos hacemos uno con Orlando en ese viaje por los recuerdos de un pasado que nos cuenta, a esos viajes que pueden resultar de la vuelta a los recuerdos que han marcado nuestra vida, leamos un poco de Compañero de viaje para darnos cuenta de lo que les digo:

“Porque ahora que estoy solo, y esto no me había sucedido, siento vergüenza de mis manos débiles y de mi fuerza escasa y veo que de tanto irme ya no soy imagen y semejanza de aquellos seres, sino silueta desteñida. Ahora me doy cuenta de que aquellas imágenes, historias, conversaciones y silencios, no sólo son parte viva en mí, sino lo único vivo en mi integral memoria.

Si no les doy vida se me van a ir muriendo y yo con ellas, más cuando son ellas las que están pidiendo alumbramiento, así que por miedo de quedarme yerto con la yerta dulzura con que uno muere en los páramos, de algún modo he de alumbrarlas, con la imperfección de las cosas de las cosas que no han sido totalmente creadas por Dios ni por el hombre, sino por ambos” (Compañero de viaje, página 22).

Sólo quien ama escribe con el corazón, y se siente en cada palabra, y Orlando Araujo amaba a su pueblo y amaba escribir, por eso el libro Compañero de viaje es eso: amor y nada más que amor a esa tierra de Caldera y sus alrededores. Como lector me volví un compañero de viaje de esta historia, que esta tan bien escrita que cada uno de sus cuentos podría leerse por separado y son dignos de admirar, pero en conjunto son una obra de arte de la literatura venezolana que no había leído y que me arrepiento por no haberlo hecho antes.

Me encantan las Tradiciones de Ricardo Palma, las crónicas de Aristides Rojas, los boletines de José Martí, y ahora agrego a esta lista las historias del libro de Orlando Araujo  Compañero de viaje, del cual las recomiendo todas, pero lo que fue la “Yunta borracha”, “Cordero de Dios”, “Siempre hay un río” y “Compañero de viaje” me encantaron, tanto así que las leí tres veces cada historia.

Con este libro no me dio tiempo de escribir muchas notas, diez palabras describen toda mi opinión sobre Compañero de viaje: “uno de los mejores libros que he leído este año”, como bocadillo para ustedes amigas lectoras y amigos lectores de ENTRE LIBROS compartiré los párrafos del libro Compañero de viaje, ojala lo busquen para continuar leyéndolo.

“Hoy fui a buscarte, como siempre, en los caminos. Caminos nuevos han borrado a los antiguos y hombres nuevos habitan las casas y trabajan las tierras de los que se fueron, pero las aguas de los ríos que bajan del páramo siguen corriendo por los viejos causes. La lluvia, a veces, descuelga árboles y casas, tanto así que las casas terminaron cansadas, acumulándose allá abajo; pero los muertos vuelven a subir a una colina donde los entierran inclinados frente al páramo, mirando a su lugar de origen. Hoy la lluvia arrastro una parte de la colina y abrió un surco donde la tierra, la madera y los huesos se fueron deslizando hasta el río.

Anoche vi correr las aguas bajo la sombra del puente y vi pasar un pez inmenso y solitario.

Después vi una maleta de cuero en mitad de la corriente, estaba entreabierta y pude ver en su interior botas, espuelas y papeles.

Era tu equipaje que iba solo, aguas abajo sobre el mundo entero, la luna brillaba como un sol, pero en silencio” (Compañero de viaje, páginas 119-120).

Álvaro Samuel/alvaro.samuel1984@hotmail.com

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