Por: Juan José Guevara Alvarado

La primera noche que me encontré en la acera con Carlos Marx, fue en mi segundo año de bachillerato. Después de regresar de clases, Miguel Antonio, mi hermano, sacó un libro enorme, un poco rancio y empolvado. Era El capital; con detenimiento hurgó y se dirigió a mí con serenidad diciendo: si lees esto te regalaré algo.

Recuerdo que las páginas que buscó tenían como título inicial un texto sobre la plusvalía.

Mi primera experiencia de acercamiento a la militancia revolucionaria fue con la juventud comunista, aunque nunca formé parte del partido, llegué a ser un simpatizante de corazón. En varias ocasiones acompañé a mi hermano y a mi amigo Warner a concentraciones y caminatas en defensa de Ilich Ramírez, gritando consignas marxistas-leninistas, además de cargar con el gallito rojo.

Aunque en un principio no comprendía bien el asunto, me parecía un poco raro pero al mismo tiempo me gustaba toda aquella movida y discusiones calurosas.

Carezco de una herencia comunista, marxista, de izquierda: soy revolucionario por azar del destino. Nunca pensé en aspirar a ser un intelectual orgánico, mucho menos en leer y estudiar el marxismo.

Sin embargo, mi madre y mi hermano siempre se encargaron de proveerme de buen capital cultural; mi madre profesora y mi hermano poeta. Fue así como descubrí a Marx: hubo una conspiración silenciosa y alucinante en el espacio/tiempo.

Me causaba curiosidad el barbudo Marx, mi primer contacto con la plusvalía. Me costó un poco comprenderle, pero después de una seria reflexión, aún persisto por seguir entendiéndolo.

Cuando les mostraba el libro a mis amigos, algunos se espantaban, muchos me decían que era difícil leerlo, que estaba loco, que no lograban entender.

Post-adolescencia, intuyo a un Marx que ha secuestrado de la mayorías, detrás de este hombre hay todo una mitología difusa de lo que es, de lo que representa.

He conseguido tal grado de tergiversación del mismo que a veces siento escalofríos.

Marx ha sido secuestrado después de muerto, y existiendo frente a todos y al alcance de todos se nos es arrebatado y desdibujado; es por ello que me dedico a hablar de él.

El marxismo trasciende a la propia ideología, el Marxismo es pensamiento crítico, la categorización de elementos sociales para la contribución del desmontaje de la sociedad capitalista. Esto es: una mariposa azul con bordes negros frente a nosotros, una moneda en la frente, una cortada que sangra, un pestañeo simultáneo en una espiral silenciosa que juega con lo finito.

El pensamiento crítico marxista es uno de los más grandes aportes a la humanidad, debido a que es capaz de desmitificar a la sociedad misma y sus instituciones. Ese barbudo que hablaba varios idiomas, y que dedicó extensas horas de trabajo intelectual en favor de las mayorías, es el Marx que se encuentra triturado y reducido a mera ideología demagógica, politiquera, panfletaria, simplificado, vilipendiado, sub-utilizado en una penosa situación que desmerita su extenso aporte.

Es Marx junto a Friedrich Engels el padre del socialismo científico, del comunismo moderno y del marxismo, con quien publicó varias obras, destacándose entre ellas el Manifiesto del Partido Comunista, que se publicó por primera vez el 21 de febrero de 1848.

Estos dos hombres fueron los mismos capaces de desarmar la anatomía del sistema capitalista que justifica la explotación del hombre por el hombre, planteando la liberación del ser humano en la desvelada lucha de clases, en la necesidad de tomar los medios de producción para su distribución igualitaria en la masa explotada.

Mientras Adán Smith se masturbaba con su mano invisible y Augusto Comte plagiaba a diestra y siniestra, se aceleraba el proceso de industrialización y explotación en Inglaterra, además de la extracción y acumulación de capital traídos de América que precipitaban el desarrollo del sistema capitalista, Marx pensaba en la liberación y en la justa repartición de los panes, nada más cristiano que el pensamiento marxista: una constante en la distribución equitativa de las riquezas, de allí su famoso: “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad”.

Él, que fue capaz de consagrar su vida y negarse a comodidades y privilegios por la emancipación de las mayorías, el Marx soñador, el apasionado, el estratega, el valiente, Marx, el de carne y hueso, no es teoría muerta, es una daga en el espacio/tiempo que baila en la forma del agua, que se muestra en movimiento continuo desde la dialéctica de Heráclito de Efeso.

Una de nuestras labores orgánicas debe ser el seguir acercando a Marx a la gente, y no comerle tamaño a su teoría, que no es estática, al contrario, debe releerse, discutirse, cuestionarse, resignificarse, recategorizarla y practicarla, es decir, contextualizarla desde nuestra lógica, desde nuestros símbolos, rescatando siempre lo que nos sea de utilidad.

Frente a las corporaciones y el neocolonialismo, el latido de Marx sigue vigente estimulando nuestra lucha por la emancipación, que también es un combate por el rescate del mismo Marx y su pensamiento crítico. Rescatemos pues a Marx de su secuestro: el marxismo será ciencia que nos permitirá resignificar el porvenir.

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