Guerra económica, inflación inducida, desabastecimiento programado, escasez inducida y bachaqueo son algunas de conceptos –técnicos algunos y otros no tanto­­– que se escuchan en el discurso oficial para explicar la etiología del drama que padece a diario la población venezolana.

Aunque con algunas variaciones la mayorías de los autores definen guerra económica como el plan o conjunto de acciones preconcebidas tendentes a desestabilizar la economía de un país para impactar negativamente la gestión de un gobierno determinado.

La guerra económica como estrategia existe, está ampliamente documentada y constituye una de las estrategias de los denominados conflictos no armados que desarrollaron las potencias luego del fin del colonialismo.

El antecedente geográficamente más cercano de aplicación de una guerra económica y sobre el cual existe abundante literatura es la experiencia chilena que concluye con la defenestración y asesinato del presidente Salvador Allende en Chile el 11 de septiembre de 1973.

Queda claro que por lo menos el concepto de guerra económica no es una invención del gobierno bolivariano. La estrategia de existe y ha sido aplicada en diversos países y momentos por la potencias occidentales, principalmente por Estados Unidos.

Caben entonces por lo menos dos preguntas: ¿Venezuela es víctima de una conspiración económica orquestada por las oligarquías criollas en conjunto con Estados Unidos y sus aliados? ¿se trata sencillamente de una lamentable mezcla de ineptitud, impericia y corrupción en el gabinete económico del presidente Maduro?

Para Eduardo Hernández, periodista especializado en Economía, no cabe duda de que Venezuela es víctima de una “brutal guerra económica” que busca llevar hasta el límite el sufrimiento de la población, socavar el vasto apoyo popular con el que aún cuenta el gobierno revolucionario, y propiciar la salida de Maduro ya sea de facto o por la vía electoral en 2018.

Para ello, continúa Hernández, aplican con escalofriante precisión el mismo esquema que funcionó en Chile durante el gobierno de Allende. Nixón no le perdonó a Allende la nacionalización el cofre y ordenó “darle una patada en el c…” a Chile… y eso fue lo que hicieron asegura el periodista.

 

Del “make the economy scream” al “The economy, stupid”

Documentos desclasificados por el propio gobierno estadounidense dan cuenta de aquella fatídica orden de Richard Nixón -a la sazón presidente de Estados Unidos- a la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus sigla en inglés) para que “hiciera chillar la economía” chilena.

Sobra decir que la orden fue cumplida que indignante eficacia, la economía chilena chilló y con ella su pueblo. Pues bien, las coincidencias entre lo ocurrido en Chile y la actual crisis venezolana resultan espeluznantes. Con seguridad la elocuencia de la laureada escritora chilena Isabel Allende, en su novela La Casa de los Espíritus ilustra con mayor tino la referida semejanza:

Había comenzado el desabastecimiento… Las mujeres se levantaban al amanecer para pararse en las interminables colas donde podían adquirir un escuálido pollo, media docena de pañales o papel higiénico.

Se paraban en las colas sin saber lo que se estaba vendiendo, sólo para no dejar pasar la oportunidad de comprar algo, aunque no lo necesitaran. … Se desató el mercado negro. (…) la policía trató de impedirlo, pero era como una peste que se metía por todos lados y por mucho que revisaran los carros y detuvieran a los que portaban bultos sospechosos no lo podían evitar. En la premura por acaparar productos, se producían confusiones y los que nunca habían fumado terminaban pagando cualquier precio por una cajetilla de cigarros, y los que no tenían niños se peleaban por un tarro de alimento para lactantes”.

 Resulta muy difícil no reconocer que esa descripción calza perfecto en la realidad que vivimos día a día los venezolanos.

Carmen Remón es politóloga y trabaja para una empresa consultora que prefiere no mencionar. Para Remón la guerra económica es una realidad tan fehaciente e irrefutable como que salió el sol ­–lo dice señalando con su índice el astro rey que se cuela a través de la persiana de nuestra oficina.

A diferencia de Hernández, para Remón “la motivación de esta guerra es netamente electoral”. Recuerda la famosa frase del asesor del Bill Clinton en los comicios de año 1992: Es la economía, estúpido. Existe profusa literatura sobre la semántica de esta frase pero básicamente trataba de indicar al candidato que debía hablar constantemente de la delicada situación económica que atravesaba el país para poder derrotar a su contrincante, George Bush.

Bush gozaba de 80 por ciento de aceptación según todas las encuestas; sin embargo, con la estrategia de resaltar los problemas económico cayó en picada y perdió la reelección. Según la doctora Remón, un fin netamente electoral es el que están buscando la mayoría de la oposición venezolana y sus aliados domésticos y foráneos.

Datos como estos, sumados a la extraña incidencia de una página web, Dólar Today, en la economía venezolana parecen dar la razón a la tesis de la guerra económica, aunque para muchos esta certeza no exime de responsabilidades al gobierno nacional .

 

Óscar Palacios

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