Pocos saben realmente lo que se necesita para beber una sola taza de café. El proceso es largo y complejo y empieza por la selección de las semillas. El almacenamiento de los granos para la producción de este rubro agrícola es la función principal del banco de germoplasma, que funcionará en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC).

Según Alexis Medina, técnico asociado a la investigación del Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas (INIA), la meta es rescatar la tradición caficultora que a mediados del siglo pasado caracterizaba a los estados Aragua y Miranda y lo que hoy se denomina Distrito Capital.

“Estamos incluyendo material genético procesado por el INIA desde hace una década y ya han venido productores locales interesados en obtener estas plantaciones”, aseguró Medina durante el cuarto taller de producción de café agroecológico, organizado por el Laboratorio de Ecología de Suelos del Centro de Ecología del IVIC bajo la coordinación del biólogo Saúl Flores.

Los bancos de germoplasma o de semillas son espacios diseñados para preservar la información genética de ciertos organismos vegetales, que por interés comercial o fines conservacionistas requieren cuidados especiales para evitar su desaparición.

Actualmente, solo existen bancos de semillas de café en las sedes del INIA ubicadas en los estados Táchira y Trujillo “y para obtener este material se requieren al menos 10 años de investigaciones, probar su potencialidad, rendimiento y algo importante que hemos descuidado un poco: el sabor en taza”, afirmó.

El experto informó que es crucial conocer las propiedades organolépticas (impresión sensorial) para saber si gusta al consumidor. Por lo demás, la región de los Altos Mirandinos ofrece el ambiente perfecto para su óptimo florecimiento: clima fresco y altitud de 1.300 metros sobre el nivel del mar.

Además, en el sector Altos de Pipe -donde se encuentra el IVIC- predomina el sotobosque, es decir, aquella vegetación que crece bajo la sombra de los árboles y permite resguardar los cuerpos de agua por mucho tiempo. El café es una de las plantaciones más benevolentes con el ambiente; es tan amigable que impide la contaminación del agua y los daños causados por otros cultivos.

Hasta la fecha, se han cultivado alrededor de 15.000 plantas de café en los terrenos del Ivic, las cuales, a juicio de Medina, tienen buena apariencia. “Se ven sanas. Dentro de dos años tendremos nuestra primera cosecha en el Ivic”, dijo.

En un principio, el proyecto de recuperación del cultivo de café contempla la restauración de cinco hectáreas (50.000 m²). Para ello, se usarán cinco variedades del café arábico (Coffea arabica): Inia 01 (creada en el 2000); Araguaney y Monte Claro (aprobadas en el 2013); y las tradicionales Catuaí Rojo y Caturra.

El café es originario de Abisinia y fue introducido en Venezuela en el siglo XVIII. Se cree que ingresó en 1730 a través de las misiones evangelizadoras instaladas en las adyacencias del río Orinoco, por lo que en 2016 se celebra el 286 aniversario de nuestro país como nación caficultora.

La finalidad de estos talleres es aprender la experiencia y los conocimientos necesarios para cumplir cabalmente las etapas del proceso bajo un enfoque agroecológico (sin empleo de agentes químicos), iniciando con la selección de las semillas hasta finalizar con la molienda de los granos.

Así lo corroboró Arelis Alemán, técnico de campo del Instituto Nacional de Salud Agrícola Integral (Insai) sede Miranda. “Tenemos que reimpulsar la siembra y cultivo de café. Es una costumbre del venezolano tomar café, pero lo que no se imagina la gente es cuál es el proceso” comentó.

Las funcionaria participó en el taller efectuado en el Ivic para colaborar en esta faena. “Mi intención es el apoyo institucional para ver si logramos crear una red de cafetaleros en el estado Miranda, rescatar ese cultivo de gran importancia para la soberanía e independencia agroalimentaria”, dijo Alemán.

 

 

T/IVIC

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