1.-Este ha sido el año de las sorpresas en Globalistán: brexit, el “No” imponiéndose en los acuerdos de paz en Colombia. Ahora el arribo del multimillonario Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos.

El brexit ha sido una de las tantas señales del reavivar del nacionalismo. El resultado pareció decir a voces: “no queremos pertenecer a su unión, somos mejores que ustedes, no somos europeos, somos británicos”, levantando la bandera del hombre blanco occidental y todo su equipaje racista.

Con la llegada de Trump se impone su narrativa, sus modos, él como símbolo puro y duro de los intereses y expresiones reales de la élite que gobierna al mundo. Sin duda Occidente se ha quitado la máscara: hemos llegado al término de las medias tintas, la diplomacia y el doble rasero conservador que se expresa bonito y bombardea naciones.

Ahora construiremos muros y haremos que los paguen ustedes, Trump dixit.

2.-Una de las claves de los resultados está en el discurso de Trump y a quien va dirigido, ganó porque entre otras cosas, le habló sin la falsa diplomacia y la doble moral del establishment al whitetrash, al redneck, a la clase trabajadora industrial que ve cómo han desmovilizado la industria estadounidense, al punto que la mayoría de su producción es realizada fuera de sus fronteras.

Como siempre los medios crearon un clima que solo daba como ganador a su candidata, la realidad siempre resulta otra cosa: los medios no votan y Trump le habló a los que sí.

Ver a Trump en una alocución pública arengando: “Vamos a hacer que Apple construya sus malditos equipos y cosas en este país y no en otros países”, escuchar y sin necesidad de leer entre líneas, entender un discurso de campaña contra el establishment y su incapacidad para dar respuesta a la política interior, además de cuestionar duramente la política migratoria y proponer el uso de armas en todos los estados del país sin mayores restricciones, entre otras locuras, nos ubica: este tipo le está hablando a esa clase pauperizada, olvidada, sustituida y la única forma de devolverles lo que ellos consideran vida, su patria, su poder, es apelando al ultranacionalismo más duro y el resto de expresiones de racismo, misoginia y demás equipaje digno de su clase que tanto escándalo levantó durante la campaña.

Solamente el lema nos dimensiona: Make America Great Again! Es decir, volver a hacer de nuestro Imperio lo que era antes porque ahora ya no lo es y ellos, los del establishment, no han sido capaces de levantarlo.

3.-Ante los resultados, observar la esquizofrenia de los más diversos gestos de sensiblería de latinoamericanos pro Clinton en redes sociales y demás medios, asoma mucho de su ingenuidad ideológica y poca capacidad crítica de interpretar la realidad, a ver, sin eufemismos: no entendieron nunca qué estaba sucediendo.

Sumemos esto al comportamiento del oposicionismo venezolano, que en su loca idea del mundo le apostaban a la Clinton.

Tiene mucho sentido, puesto que así como lees mal la realidad de tu país es obvio que tienes que leer mal la realidad política del mundo.

Sin dejarse despistar por cómo la mediática corporativa presentó la elección globalmente, los resultados se veían venir, pero como ellos son una audiencia farandulera se dejaron llevar por todo el aparataje propagandístico demócrata.

Cualquier parecido a nuestra realidad no es mera coincidencia.

¿El voto latino? Tiene muchísimo sentido su intención de voto, pues este sector se fue con su ideología del american dream: un multimillonario que hace realitys, tal para cual.

4.-También podemos sumar algunos matices conspiranoicos: el ego de élite republicana no iba a permitir otro periodo demócrata, no todo es negocio para el 1%, ellos también tienen su corazoncito.

Para los que dudan de la peligrosidad del periodismo de investigación, Wikileaks puso su granito de arena a pocos días antes de la elección, revelando el entramado mafioso de los Clinton y sus profundas vinculaciones con todo el aparato de guerra imperial. Más escándalo para la idea fuerza de Trump frente a su adversario: la descalificación, la deslegitimación, la imposibilidad de asumir el reto por corrupta.

Parece ser que hay una agenda global de empresarios hartos de financiar a una clase política, además de corrupta, inepta, incapaz de mantener la estabilidad de sus intereses y frente a eso han decidido tomar las riendas, ya no solo económicas sino de la política y ser a su vez tanto financistas como rostros y protagonistas.

Berlusconi y Macri son ejemplos bastante tangibles, ahora Trump se une al club. Si seguimos haciendo el ejercicio encontraremos más casos en el resto del mundo.

Ha ganado la presidencia de la mayor superpotencia nuclear un tipo que cree que el campo climático es un mito. Cómo hacerle entender al sifrinismo más mainstream que su adorado american dream ha muerto, que el modelo de Estado de bienestar que pudo sostener la cultura rentista, que es lo mismo decir consumo desaforado de recursos, está agotado no solo aquí sino hasta en el Imperio, y su nuevo líder tiene contemplado en sus prioridades de gestión prescindir del inmigrante.

Por otro lado ¿Los políticos venezolanos seguirán siendo abiertamente pro imperialistas, aún con la posibilidad de ser asociados con la filosofía de extrema derecha de Trump, eso no se vería como demasiado feo a la hora de conquistar votos con nuestra clase popular?

5.-Después de todo, como dice un gran amigo: “no hay nada más parecido a un demócrata que un republicano y no hay nada más parecido a un republicano que un demócrata”, lo que sí es cierto, es que tras el primer tiempo el marcador es Trump: 1 Establishment: 0; ahora esperemos las negociaciones y ver la cara del nuevo emperador en todos los espacios de la política, tanto interna como externa, que es la que más nos interesa.

Parece ser que Trump, al estilo de Bender, el robot libertino de Futurama, podrá hacer su propio gobierno: “con juegos de azar y mujerzuelas”.

Dios nos libre.

Por: Miguel Antonio Gyuevara

COMPARTIR