La adopción de cultivos transgénicos redujo el uso de insecticidas, pero aumentó la utilización de herbicidas para eliminar malezas cada vez más resistentes, indica un estudio publicado hoy en la revista Science Advances.

 

Cuatro economistas de distintas universidades estadounidenses, dirigidos por la casa de altos estudios de Virginia, estudiaron los datos anuales, desde 1998 hasta 2011, de más de cinco mil productores de soja y maíz en el país norteamericano.

Según la indagación, desde 2008 los cultivos modificados genéticamente representan más del 80 por ciento de las plantaciones de maíz y soja en Estados Unidos. Las semillas del grano dorado se modifican en dos genes: uno mata los insectos que se alimentan de la ésta y otro permite que la semilla tolere el glifosato, un herbicida de uso general.

Los productores de maíz que utilizan dichas semillas, resistentes a los insectos, consumen aproximadamente un 11,2 por ciento menos insecticidas que los agricultores que no utilizaron maíz modificado genéticamente.

Por otro lado, los agricultores de este grano también utilizaron 1,3 por ciento menos herbicida durante un período de 13 años.

Contrario a ello, en los cultivos de soja se produjo un aumento significativo en la aplicación de herbicidas, un 28 por ciento más en el caso de los transgénicos.

Esto sugiere que las malas hierbas son cada vez más resistentes y los agricultores se ven obligados a explotar los productos químicos en mayor cantidad.

El crecimiento continuo del manejo de herbicidas plantea un problema medioambiental importante, pues grandes dosis de los productos químicos pueden dañar la biodiversidad y aumentar la contaminación del agua y el aire, señala la investigación.

Los científicos midieron las consecuencias globales de los cambios en la aplicación de productos químicos, utilizando un patrón llamado coeficiente de impacto ambiental o EIQ, para tener en cuenta las afectaciones provocadas por estos elementos sobre los trabajadores agrícolas, los consumidores y la atmósfera.

En tal sentido descubrieron que la adopción de la soja genéticamente modificada correlacionada con un impacto negativo sobre el medio ambiente, debido a un mayor uso de herbicidas, también aumentó la contaminación de los ecosistemas locales.

lma/cdg

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