El 3 de noviembre de 1986 el periódico libanés Ash-Shiraa reveló uno de los mayores escándalos de la historia de Estados Unidos, llamado Irán-Contra, destapando así la trama guerrerista e intervencionista estadounidense.

A 30 años de esa investigación periodística, el escándalo sigue siendo una de las principales pruebas de la política de doble contención que seguía Estados Unidos en la guerra entre Irán e Irak (1980 a 1988), y que fundamentalmente consistía en que ambos países se debilitaran lo suficiente como para no constituirse en potencia hegemónica de la zona.

Estados Unidos era el principal aliado de Irak, financiando a Saddam Husein, en la contienda contra Irán, no obstante le vendía armas de guerra a este último –lo que produjo una ganancia de más de 47 millones de dólares– con el fin de financiar y armar a las Contras nicaragüenses, la guerrilla de derecha que se oponía al Frente Sandinista de Liberación Nacional, el partido en el poder del país centroamericano.

La venta de armas a Irán estaba prohibida por el Senado, ya que Washington mantenía un bloqueo en contra de la nación persa. Esto supuso un duro golpe para la credibilidad de la administración de Ronald Reagan, el entonces presidente de Estados Unidos, quien estuvo en el cargo en el período de 1981-1989.

Intereses imperiales

El argumento de la administración de Reagan para hacer una clara violación a las leyes internacionales era que el gobierno sandinista de Nicaragua se proponía exportar la revolución marxista a toda América Central, por eso Estados Unidos se involucró decididamente en acciones destinadas a derribarlo.

A mediados de los 80, la Contra nicaragüense había establecido un campo de entrenamiento cerca de la frontera y pronto comenzó a llevar a cabo actos de sabotaje e impedían la ayuda de otros países y diversos organismos e instituciones internacionales.

Se estima que entre 1982 y 1990, Estados Unidos gastó en el apoyo a la Contra más de 300 millones de dólares.

Investigación

La investigación del medio libanés Ash-Shiraa inició luego del 5 de octubre de 1986, cuando el ejército sandinista derribó un avión de transporte estadounidense con suministros de armas y cocaína para la Contra. Poco después fue capturado uno de sus tripulantes, Eugene Hasenfus, quien en rueda de prensa afirmó que tanto él como sus compañeros Gómez Máximo y Ramón Medina trabajaban para la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés).

Días después, el gobierno de Irán confirmó oficialmente la revelación del periódico Ash-Shiraa y el 13 de noviembre de 1986, el presidente Reagan hizo lo propio oficialmente desde su despacho en la Casa Blanca en un discurso en el que quedó claro la doble moral de los gobiernos estadounidenses.

“Mi propósito era (…) enviar la señal de que los Estados Unidos fueron preparados para sustituir la enemistad entre ambos Estados (en referencia a Estados Unidos e Irán) por una nueva relación (…) Al mismo tiempo que emprendimos esta iniciativa, dejamos claro que Irán debe oponerse a todas las formas de terrorismo internacional como condición al progreso en nuestra relación. La medida más significativa que Irán podría tomar, indicamos, deberíamos utilizar su influencia en Líbano para asegurar la liberación de todos los rehenes”, dijo al hacer referencia de otro de los objetivos de la venta de armas a Irán, liberar a rehenes estadounidenses secuestrados por grupos pro-iraníes en Líbano.

De hecho, en aquel turbio episodio de financiación de las Contras aparecía también la figura de Osama Bin Laden, por entonces hombre próximo a la CIA por su labor en la guerra de Afganistán, donde buscaba financiación para los muyahidines que luchaban contra la ocupación soviética. Y luego declarado uno de los principales enemigos de EEUU tras el atentado de las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001.

Tras la revelación de la guerra manejada por Estados Unidos se inició una investigación que determinó que Ronald Reagan y George Bush (padre) estaban al tanto de lo ocurrido y lo encubrieron de alguna manera. No obstante, nunca pudo establecerse su grado de responsabilidad. Asimismo, algunos de los altos funcionarios estadounidenses implicados fueron acusados de distintos delitos, pero casi ninguno cumplió las penas impuestas por la justicia en virtud del perdón concedido por el presidente Bush en 1992.

El Irán-Contra fue una estrategia que caracteriza la doble moral de Estados Unidos al pasar por encima de sus propias leyes y las internacionales, al vender armas a Irán y al crear, financiar y armar a grupos insurgentes en otros Estados.

AVN/Gabriela Toro

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